La fase regular se agota y llegan los premios

La fase regular de la NBA, la competición de liga del baloncesto norteamericano y probablemente la más exigente del planeta, está a punto de terminar. En pocas semanas se anunciarán los ganadores de los grandes premios individuales: mejor defensor, novato del año, jugador que más ha mejorado, jugador más decisivo y, por supuesto, el MVP, la sigla de Most Valuable Player, el jugador más valioso de la temporada.

En una liga tan dura como la NBA, ganar ese premio no es ninguna formalidad. Quien lo consigue suele acabar en la conversación sobre los mejores de todos los tiempos. Y no es solo una cuestión de prestigio. También tiene consecuencias prácticas y económicas, porque ser MVP ayuda, muy convenientemente, a ganar más dinero.

Este año, además, la pelea está especialmente ajustada. Y la cosa se ha complicado todavía más por una norma introducida hace pocos años con la idea de que las estrellas jugaran más también en partidos menos llamativos. La intención era noble. El resultado, como suele pasar, bastante menos elegante.

La regla que deja fuera a medio mundo

Desde 2023, para optar a un premio individual un jugador debe haber disputado al menos 20 minutos en 63 partidos y, además, al menos 15 minutos en otros 2 encuentros de los 82 que componen la fase regular.

La norma fue acordada por la liga y los jugadores, pero muchos la consideran injusta y poco sensata. Un simple problema físico, incluso de los que no suenan a catástrofe, puede apartar a un candidato de la carrera por el premio si le hace perder un par de meses.

Y eso es justo lo que está ocurriendo este año. A cada equipo le quedan solo dos o tres partidos y, entre los principales aspirantes al MVP, solo uno, Shai Gilgeous-Alexander, cumple de momento el requisito. Nikola Jokic se ha quedado en 63 partidos y Victor Wembanyama en 64. Luka Doncic también se quedará en 64 por culpa de una lesión, aunque su entorno piensa recurrir.

De los propios jugadores a los periodistas

El primer MVP de la NBA se entregó en 1956. Al principio lo votaban los propios jugadores, con una curiosa limitación: no podían elegirse a sí mismos ni a sus compañeros de equipo.

En 1981, el sistema cambió y el voto pasó a los periodistas. La idea era evitar posibles bloqueos organizados entre jugadores, quizá por afinidades nacionales o por simple estrategia. El ser humano, al parecer, siempre encuentra una forma creativa de convertir una votación en un problema.

Hoy el premio lo decide un centenar de periodistas de Estados Unidos y Canadá seleccionados por la NBA, aunque la liga no hace pública esa lista. Cada votante ordena a cinco jugadores según su temporada, y a cada posición se le asignan puntos: diez para el primero, hasta uno para el quinto. El ganador es quien suma más.

Pero ese recuento no siempre coincide con la idea compartida de quién ha sido realmente el mejor. Los periodistas no se fijan solo en los números o en la calidad técnica. También pesa el relato que rodea a cada jugador y a su equipo.

Números, relato y cansancio electoral

Determinar qué debe premiarse en un deporte de equipo nunca ha sido sencillo. ¿Hay que valorar las actuaciones puras? ¿El impacto sobre el conjunto? ¿Los resultados? ¿Las acciones espectaculares? ¿La regularidad? ¿O quizá la capacidad de emocionar y arrastrar al resto?

A todo eso se suma que el relato deportivo ha ganado mucho peso en el periodismo de los últimos años, sobre todo en Estados Unidos. Según el periodista Sam Quinn, de CBS Sports, en 2011 Derrick Rose ganó el MVP por delante de LeBron James en parte por esa lógica. Rose era el joven prodigio que lideraba a los Chicago Bulls, el equipo de su ciudad, mientras que James arrastraba rechazo por haber abandonado los Cleveland Cavaliers para unirse a unos Miami Heat más poderosos y competitivos.

También existe el fenómeno de la fatiga del votante: cuando los periodistas se cansan de premiar siempre al mismo y terminan eligiendo a otro aunque el rendimiento puro no lo justifique del todo. Eso le pasó, por ejemplo, a Michael Jordan. En 1997, tras ganar cuatro MVP y dos de forma consecutiva, perdió el premio frente a Karl Malone. Malone era un jugador extraordinario, sí, pero los números de Jordan seguían siendo ligeramente mejores.

Jordan se resarció al año siguiente: en 1998 volvió a ganar el premio, que hoy lleva su nombre en el trofeo y también en la forma. Detalles de la historia del baloncesto que ayudan a que todo esto parezca más ordenado de lo que realmente es.

Una norma demasiado rígida para una liga cada vez más dura

Con el paso del tiempo, los criterios para elegir al MVP han cambiado, igual que ha cambiado el juego y la información estadística disponible. Además, la palabra “valuable” no significa solo “mejor”, sino “valioso”, algo que incluye el impacto en la victoria del equipo y la capacidad de marcar diferencias.

La NBA nunca ha definido con claridad qué necesita un jugador para ser MVP, pero en 2023 añadió la exigencia de las 65 partidos. Era una medida útil para la liga y para las cadenas de televisión, que obviamente prefieren a las estrellas en pista. El problema es que la norma ha resultado demasiado rígida y, además, poco útil: antes de 2023, muy pocos ganadores del premio lo habían hecho con menos de 65 encuentros disputados.

El baloncesto de la NBA es cada vez más rápido y más físico, y las lesiones son más frecuentes. Pedir que un jugador rinda al máximo en 65 de los 82 partidos ya parece bastante exigente. Pedirle, además, que juegue tocado solo para llegar a la cifra exacta de 65 en lugar de 64, roza lo absurdo.

Wembanyama, Doncic y una carrera cada vez más enrevesada

Ese es el caso de Wembanyama, que el martes sufrió una lesión en las costillas después de llegar a 64 partidos. Los San Antonio Spurs aseguran que no es grave, pero eso no garantiza que vuelva de inmediato. Le falta todavía sumar 20 minutos en un partido para poder aspirar al MVP y también al premio al mejor defensor del año, que parece casi suyo.

Doncic, de Los Angeles Lakers, ha tenido todavía peor suerte. Su fase regular se cerró el viernes en 64 partidos por una lesión en el isquiotibial, bastante seria. A pesar de que está firmando una temporada extraordinaria y lidera la liga en puntos de media, no podrá competir por el MVP salvo giro inesperado.

Su agente ha pedido una “exención por circunstancias excepcionales” prevista en el reglamento de la NBA, alegando que algunas ausencias se debieron a lesiones y otras al nacimiento de su hija. Algo parecido intenta también el representante de Cade Cunningham, de Detroit Pistons, que se ha quedado en 61 partidos tras un colapso pulmonar.

Un final que puede acabar en lío

Así que sí, la recta final de las premiaciones de la NBA amenaza con convertirse en un problema serio, o como mínimo en un buen lío administrativo. Y cuando los premios individuales empiezan a perder valor por culpa de sus propias reglas, la liga quizá deba preguntarse si ha arreglado algo o si, como a veces sucede, solo ha conseguido hacer más complicada una cuestión que ya era bastante difícil.