Es una jugada arriesgada y provoca inquietud en Ucrania, pero revela la prioridad del equipo de la Casa Blanca: consideran que el mayor desafío geopolítico para Estados Unidos y Occidente no es solo Rusia, sino China. Esa es, al menos, una de las razones por las que, después de más de quince meses de negociaciones sin resultados y múltiples advertencias de abandonar las conversaciones, el equipo del presidente sigue buscando una ruptura.

¿Qué está intentado la administración?

La negociación para una tregua en Ucrania la lideran el enviado especial Steve Witkoff y el yerno del presidente, Jared Kushner. Un funcionario de la administración, que habló bajo condición de anonimato, dijo que encontrar “una forma de alinearse más con Rusia” podría crear “un equilibrio de poder distinto con China que podría ser muy, muy beneficioso”.

La idea central

En pocas palabras, la estrategia busca debilitar la alianza entre Moscú y Pekín, o al menos separar intereses, para reducir la influencia global de China. Esta lógica conecta con otras iniciativas exteriores del gobierno que también parecen orientadas, en parte, a contrarrestar a China.

Movimientos en otras regiones

  • Acciones contra el régimen de Venezuela y presión sobre Cuba, que según el gobierno sirven para limitar la presencia china en América Latina.
  • Presiones diplomáticas en países que habían avanzado lazos económicos con China, en algunos casos citadas por la administración como motivo de alarma.
  • Acciones contra Irán que afectan la capacidad exportadora de crudo, lo que a su vez condiciona el suministro para China.

El resultado combinado, según un funcionario estadounidense, ha permitido a China comprar petróleo por debajo del precio de mercado en países como Venezuela, Irán y Rusia, lo que se traduciría en un subsidio implícito al consumo chino de más de 100.000 millones de dólares al año. Ese mismo funcionario señaló que, en ocasiones, los precios pagados por China han estado hasta 30 dólares por barril por debajo del mercado spot.

Negociaciones actuales

Aún con informes sobre intercambio de inteligencia entre Rusia e Irán, Estados Unidos y Rusia continúan hablando. Witkoff y Kushner se reunieron la semana pasada con Kirill Dmitriev, un asesor cercano a Putin; los rusos calificaron el encuentro de productivo y Witkoff dijo que seguirían conversando. Todo esto ocurre mientras el presidente ha pedido a varios países, entre ellos China, ayuda para asegurar el estrecho de Ormuz.

La mirada estratégica

La Estrategia de Seguridad Nacional publicada en noviembre pone mucho énfasis en China, incluso cuando no siempre nombra a Pekín directamente. Numerosos legisladores de ambos partidos consideran a China la amenaza a largo plazo más grave para la influencia global de Estados Unidos.

Alexander Gray, que fue jefe de gabinete del Consejo de Seguridad Nacional en la primera etapa de la presidencia de Trump, resume la idea así: dividir a Rusia y China o, al menos, colaborar tácticamente con el socio que representa una amenaza estratégica menor, es una línea de pensamiento estadounidense que viene de antiguo. Gray compara el enfoque con la diplomacia de Henry Kissinger durante la Guerra Fría, cuando Estados Unidos buscó acercarse a China para restar peso a la Unión Soviética.

Escepticismo y preocupaciones

Muchos observadores dudan que la estrategia funcione, sobre todo mientras Putin y Xi Jinping sigan al frente de sus países. Un funcionario ucraniano, que habló en anonimato, advirtió que intentos parecidos ya ocurrieron en el pasado y no dieron resultado: citó la Ostpolitik alemana como ejemplo y recordó que ahora Rusia libra la guerra más mortífera en Europa. Ese mismo funcionario señaló que tanto Rusia como China comparten un sentimiento profundo de rechazo hacia Estados Unidos como símbolo de la democracia, lo que dificulta separarlos.

Otros expertos son igualmente escépticos. Craig Singleton, director sénior del programa sobre China en una organización de defensa, describe la asociación entre Moscú y Pekín como muy sólida y afirma que, aunque probar la vía diplomática no está mal, lo más probable es que solo se logre cooperación táctica limitada con Rusia, no una ruptura duradera con China.

Por su parte, China ha reiterado su vínculo con Rusia. El ministro de Exteriores chino, Wang Yi, afirmó recientemente que la relación entre ambos países se mantiene firme pese a las turbulencias globales.

Voces dentro de la administración y próximos pasos

Funcionarios y exfuncionarios próximos al gobierno sostienen que el presidente presiona para poner fin a la guerra en Ucrania, normalizar relaciones con Rusia y, eventualmente, reincorporarla a foros internacionales como el G8. Fred Fleitz, exjefe de gabinete del NSC en la primera etapa de Trump, indicó que el presidente ve la alianza Rusia-China como una amenaza mayor que la propia guerra en Ucrania.

Marco Rubio, ahora secretario de Estado, señaló tras su confirmación que una situación en la que Rusia quede permanentemente como socio subordinado de China no sería un buen resultado para Rusia, Estados Unidos ni Europa, aunque admitió que separarlos será muy difícil. Adam Savit, director de política china en un instituto ligado a la administración, opinó que Rusia influye en la competencia EE. UU.-China solo de forma marginal y que el centro de gravedad sigue siendo Asia Oriental; en su visión, Rusia es un socio en declive y en posición secundaria frente a China.

Conclusión

La apuesta de la administración es clara: intentar usar las negociaciones sobre Ucrania como una palanca para debilitar la relación entre Rusia y China. Es una estrategia con lógica en términos geopolíticos, pero repleta de incertidumbres. Entre la historia reciente, la dependencia energética de ambos países y sus prioridades actuales, muchos analistas y actores en el terreno dudan de que se consiga un cambio profundo en la dinámica Moscú-Pekín.