Europa intenta encontrar palancas con Trump

Alexander Stubb, presidente de Finlandia y amigo personal de Donald Trump en el circuito del golf, cree que merece la pena probar algo bastante simple y bastante incómodo a la vez: negociar con el presidente estadounidense. Según Stubb, es una "muy buena idea" intentar cerrar un intercambio político con Trump, que quiere que Europa le ayude a abrir el estrecho de Ormuz.

La lógica que plantea no es precisamente sutil. Europa podría ofrecer colaboración en la cuestión de Irán si, a cambio, Trump apoya a Ucrania. En el mapa de la diplomacia contemporánea, que ya venía bastante desordenado, la propuesta añade otra capa de pragmatismo a una relación transatlántica que atraviesa uno de sus momentos más ásperos.

Defensa, comercio y más Europa

Stubb sostiene además que la respuesta europea a este periodo de incertidumbre debería pasar por una mayor integración en defensa y comercio. Su argumento llega en un contexto en el que Trump está deshaciendo piezas del orden internacional que durante décadas se daba por sentado con una fe casi conmovedora.

El presidente finlandés no cree que el Reino Unido haya escrito la última palabra sobre su relación con Bruselas. De hecho, pronostica que volverá a la UE. Y sobre el Brexit, dejó una comparación poco diplomática, pero muy clara: fue como cortarse una pierna sin necesidad.

Un continente que se reagrupa

La lectura de fondo es bastante evidente. La irritación de Trump con los aliados de la OTAN no está produciendo la obediencia que algunos esperaban. Más bien está empujando a Europa a hablar más entre sí, a coordinarse mejor y a buscar fórmulas para no quedar a merced de decisiones tomadas en Washington.

Eso incluye la idea, cada vez menos abstracta, de que los europeos tendrán que asumir más responsabilidad en seguridad y comercio mientras Estados Unidos redefine sus prioridades. La buena noticia, si es que cabe llamarla así, es que el continente al menos parece estar empezando a actuar como si hubiera comprendido el aviso.