Un reglamento con luces y sombras
En la Fórmula 1, donde todo suele tener letra pequeña y un asterisco, la nueva normativa no iba a ser una excepción. Nació impulsada por los fabricantes, con Audi como gran abanderado, y en pista ha dejado una mezcla bastante reconocible: sí, hay más adelantamientos y más espectáculo, pero también menos peso del piloto y una sensación cada vez más fuerte de que las carreras se están explicando mejor desde un laboratorio que desde un volante.
La primera parte del campeonato ha servido para confirmar esa impresión. En Australia hubo 20 vueltas de descontrol y un final bastante descafeinado. China mejoró el panorama. Y Japón terminó de poner a todos frente al espejo. La clasificación allí rompió con algunos de los lugares casi sagrados del calendario, como la 130R, y además dejó imágenes preocupantes por el brutal accidente de Oliver Bearman tras encontrarse con Franco Colapinto a mucha menor velocidad.
Carlos Sainz lo resumió con bastante claridad: "No sólo son problemas en la clasificación, también los hay en la forma de correr".
La preocupación no es menor. La situación pide cambios tanto por seguridad como por la incomodidad de unos pilotos que no acaban de ver con buenos ojos esta manera de competir. Y mientras tanto, Mercedes sigue siendo el equipo que mejor ha entendido el reglamento, lo que ya empieza a causar cierto cansancio en el paddock. No volverán, de momento, los V10 ni esos V8 con combustible sostenible que tanto se evocan en las conversaciones de bar y de paddock. Pero sí hay voluntad de mover piezas para que el piloto recupere parte del control.
Andrea Stella, jefe de McLaren, lo adelantó sin adornos: "La cosa no será simple y es el problema".
La energía, el gran frente abierto
Según adelantó The Race, una de las primeras líneas de trabajo es la energía. Es uno de los pilares de la nueva F1, aunque no siempre se entiende bien en las retransmisiones. Fernando Alonso lo definió con su habitual retranca: "Es un campeonato del mundo de pilas".
La idea no es eliminarla, sino ajustar sus límites. Eso sí, hay un riesgo evidente: que los coches sean algo más lentos. Dicho así suena dramático, pero en realidad los monoplazas actuales ya están muy cerca del techo que permite el efecto suelo, así que el margen de maniobra existe.
Una de las propuestas pasa por aumentar el llamado superclipping. El nombre parece contradictorio, y lo es hasta cierto punto, porque se trata del fenómeno que recorta la velocidad del motor en recta. En este caso, la intención sería permitir que aumente la energía disponible para usarla de 250 kW a 350 kW, como ya ocurre en el despliegue. El objetivo es sencillo: evitar coches demasiado lentos en determinados momentos, justo cuando se generan las situaciones más delicadas.
En la recarga también se estudian límites más duros. La referencia sería lo visto en Japón, pero con posibilidad de apretar todavía más, quizá hasta 6 MJ. Otra opción, más directa, sería simplemente repartir menos energía.
Cambios de base en el reglamento
The Race también señala que los equipos tienen sobre la mesa modificaciones en varios puntos clave del reglamento. El principal es la unidad de potencia, con esa distribución eléctrica y térmica del 50/50 que, por ahora, parece prácticamente imposible de tocar. En algunos casos habría que replantear motores enteros, aunque siempre quedan pequeños ajustes para afinar el sistema.
Otro foco importante es la aerodinámica activa y los distintos modos del monoplaza. Aquí incluso se contempla una revisión completa del enfoque en clasificación, eliminando zonas y dejando más espacio para que el piloto interprete lo que tiene delante. Es decir, que vuelva a conducir el conductor, una idea tan elemental que en la F1 moderna casi parece revolucionaria.
Normas más simples, por favor
La última gran línea de trabajo apunta a algo tan obvio que casi sorprende que siga siendo una cuestión pendiente: simplificar las reglas.
La intención sería reducir la dependencia de conceptos que nacen del software y acercar las decisiones a los pilotos, para que puedan leer cada situación sin caer en errores que no forman parte de la esencia de la Fórmula 1. Menos capas técnicas, más criterio al volante. No parece una idea descabellada. En realidad, suena hasta razonable, lo cual en este deporte ya es una noticia.