Un informe que llega después de la salida de Gravina

Hay asuntos en los que los intereses de cada parte se pisan tanto entre sí que el sistema acaba inmovilizado. Esa es, resumida con una elegancia muy de despacho, la tesis que Gabriele Gravina ha puesto negro sobre blanco tras dejar la presidencia de la FIGC, presionado por el Gobierno y por la opinión pública.

El ex máximo dirigente ha difundido ahora un documento de 12 páginas que, en teoría, iba a presentar ante la VII Comisión de Cultura, Ciencia e Instrucción de la Cámara. La comparecencia estaba prevista después del hundimiento de la selección italiana, pero se canceló cuando Gravina dimitió, como si con la marcha del responsable ya hubieran desaparecido todos los problemas del fútbol. Una solución administrativa bastante optimista, por decirlo con suavidad.

Serie A: pocos italianos, pocos jóvenes y demasiadas alarmas

Gravina ha decidido publicar la memoria igualmente porque, según sostiene, no tuvo margen para actuar con eficacia como habría querido. Y lo cierto es que el diagnóstico no deja mucho espacio para el consuelo.

Uno de los primeros datos que destaca es la escasa presencia de futbolistas italianos y jóvenes en la Serie A. El 67,9% de los minutos se ha disputado con jugadores que no pueden ser convocados por la Nazionale, el sexto peor registro de Europa. En España, por ejemplo, el peso de los extranjeros baja al 39,6%.

A la jornada 31 del campeonato, de los 284 jugadores que habían disputado al menos 30 minutos, solo 89 eran italianos, incluidos 10 porteros. Además, la Serie A presenta una edad media de 27 años y es el octavo torneo más veterano del continente.

La lista de problemas sigue con otro dato poco amable: Italia es la última en ingresos totales generados en la última década por transferencias internacionales de jugadores formados en el país. Traducido al lenguaje del día a día, el producto nacional exportado es casi testimonial.

Solo Atalanta y Juventus aparecen entre las 50 mejores canteras del mundo por ingresos acumulados en diez años por la venta de futbolistas criados en sus academias, mientras que el Inter figura en el puesto 53. No parece casual que esos clubes cuenten con un equipo filial, una de las medidas que Gravina ha defendido con insistencia y que el propio sistema ha mirado durante años con una mezcla de recelo y desgana.

La Serie A también es el 49º campeonato del mundo, entre 50 analizados, en porcentaje de minutos jugados por futbolistas sub-21 seleccionables para la selección absoluta: solo un 1,9%.

Gravina añade un ejemplo comparativo para subrayar la distancia con otros países. Los jóvenes españoles que participaron en el Europeo sub-19 de 2023, ganado por Italia, ya no están en categorías juveniles y acumulan casi el doble de minutos en primera división y casi seis veces más en competiciones europeas que sus equivalentes italianos.

El ex presidente también deja claro que imponer un mínimo de jugadores italianos sobre el césped, o cualquier norma que discrimine por nacionalidad, es imposible porque choca con el principio de libre circulación de trabajadores. La FIGC, en suma, no puede hacer milagros legales. Qué sorpresa.

Y por si faltara una capa más de incomodidad, el informe señala que en el fútbol italiano se corre menos y peor. Ninguno de los diez grandes campeonatos europeos por metros recorridos en sprint incluye a la Serie A. La velocidad media del balón en partido es de 7,6 metros por segundo, muy por debajo de la Champions League, que alcanza 10,4, y de otros torneos europeos de referencia, situados en 9,2.

Italia también queda a la cola en regates por encuentro, con 26,69, y en agresividad durante las fases de presión. El resumen de Gravina es poco amistoso: falta talento, imprevisibilidad, físico y resistencia, justo las cualidades que suelen aparecer cuando de verdad se compite fuera de casa.

Un sistema que no da los números ni dentro ni fuera del campo

La otra gran idea del documento es que el sistema es económicamente insostenible. Según Gravina, los ingresos generados no alcanzan para cubrir los costes y las cuentas llevan años acusando el desgaste.

Entre las temporadas 1986/87 y 2024/25, 194 clubes no fueron admitidos en competiciones profesionales por incumplimientos económico-financieros. Solo en los últimos 13 años se han impuesto 519 puntos de penalización.

El fútbol italiano sigue perdiendo más de 730 millones de euros al año. En las tres temporadas golpeadas por la pandemia, los clubes profesionales acumularon pérdidas de 3.600 millones. Además, en el último lustro el coste laboral ha aumentado en todas las categorías.

Pese a las medidas aprobadas por el consejo federal, la deuda sigue siendo un problema estructural. La proporción de deuda sobre el total de activos es ligeramente superior a la de antes de la pandemia, con un 80,6%, y el endeudamiento total alcanza los 5.500 millones.

La comparación histórica es todavía más incómoda. En la temporada 2007/08, los ingresos agregados cubrían el 97% de la deuda total. En 2023/24, esa cobertura ha caído al 83%.

A eso se suma un dato que retrata bien el estado del mercado: en 2025 se registró el mayor volumen de siempre en comisiones para agentes, con más de 300 millones de euros.

También influye la enorme cantidad de clubes profesionales. Italia tiene 97, más que la mayoría de países europeos, y solo es superada por México, Turquía, Argentina, Tailandia y Arabia Saudí. Cuando hay demasiadas bocas para un mismo pastel, la aritmética acaba haciendo el trabajo sucio.

Estadios, leyes y una política que no ayuda demasiado

El problema de las infraestructuras ocupa otra parte importante del informe. Italia no está entre las diez primeras naciones europeas por número de estadios construidos o modernizados entre 2007 y 2024.

La burocracia sigue siendo un obstáculo para quienes quieren invertir. Y, según la FIGC, una norma ha empeorado aún más el panorama: el decreto legislativo 36/2021, que abolió el llamado vínculo deportivo y, en palabras del documento, ha causado daños probablemente irreversibles en la valorización de las canteras y, por extensión, en la formación de jugadores útiles para la Nazionale.

Después de la conocida enmienda Mulè, las ligas profesionales gozan además de una autonomía muy amplia para organizar su actividad y de una especie de derecho de acuerdo sobre cuestiones clave, como el sistema de licencias nacionales para acceder a los campeonatos. Eso hace que para la federación resulte casi imposible abordar algunas reformas, entre ellas la reducción de la Serie A y la Serie B a 18 equipos y la reducción del área profesional de la Lega Pro.

En febrero de 2026, Gravina entregó a las distintas componentes federales la decimoséptima versión de su borrador de trabajo en este terreno. Y, como no podía faltar, el documento también apunta a la política.

Una de las críticas más directas tiene que ver con la ausencia de financiación pública para el Europeo de 2032. Gravina contrapone esa falta de apoyo a los fondos, incluso multimillonarios, destinados a otros grandes eventos con retorno mediático y económico menor, como los Juegos de Invierno de Milán-Cortina, la America’s Cup de Nápoles o los Juegos del Mediterráneo de Tarento.

El texto tampoco olvida el coste del paso al profesionalismo del fútbol femenino, que dejó de estar respaldado tras una medida inicial de carácter puntual. Una vez más, el entusiasmo institucional duró menos que un mercado de fichajes.

Las recetas que propone Gravina

Aunque seguirá en funciones hasta el 22 de junio, fecha de las nuevas elecciones, Gravina ha dejado una lista de propuestas para el futuro. Muchas no son nuevas, porque ya las había defendido durante su mandato.

Entre ellas figuran:

  • Un porcentaje sobre los ingresos por apuestas, con destinos obligatorios para infraestructuras, cantera y lucha contra la ludopatía.
  • Un crédito fiscal similar al aplicado en la industria cinematográfica.
  • El restablecimiento de un régimen fiscal favorable para profesionales procedentes del extranjero.
  • La supresión de la prohibición de publicidad y patrocinio para operadores de apuestas.
  • Medidas de apoyo para construir nuevos estadios o modernizar los existentes.
  • El reconocimiento de las federaciones como empresas sociales.
  • La reforma de los campeonatos y del arbitraje.
  • Un plan de relanzamiento del fútbol juvenil, presentado poco antes de la debacle de Zenica.

La conclusión de Gravina es que todo esto solo será posible con una unidad de propósito que vaya más allá de lo conveniente y lo oportuno, y con una voluntad sincera y unánime de anteponer el bien común a la defensa de cada posición particular.

Una exigencia razonable, al menos sobre el papel. En la práctica, ya se sabe, el fútbol italiano suele preferir discutir el diagnóstico antes que aceptar la cirugía.