Hay una frase que se repite entre quienes pelearon en Irak y Afganistán: nos están usando como peones. No es una queja al azar, es la suma de décadas de decisiones militares que dejaron más preguntas que victorias claras.
Recuerdos que no desaparecen
Tras los ataques del 11 de septiembre, Estados Unidos emprendió campañas en Irak y Afganistán que duraron años y costaron miles de vidas. Muchos veteranos recuerdan el desgaste, las pérdidas y la sensación de que los logros tácticos no siempre se transformaban en estabilidad duradera. Algunos vieron a sus compañeros morir por armas y grupos apoyados por Irán. La retirada de Afganistán en 2021 y el regreso del Talibán añadieron un sabor amargo: lo que quedó después de las bombas fue caos, muerte y un terrorismo que siguió expandiéndose.
Lecciones olvidadas
La generación de soldados que pasó por esas guerras habla con más cautela que la de Vietnam. No es que sean pacifistas de manual, sino que la experiencia les enseñó que los golpes aéreos y la fuerza bruta no son una solución mágica.
“Hay melancolía y decepción,” dicen veteranos que volvieron y vieron las consecuencias. Para ellos, el cambio de régimen rara vez funciona si solo se intenta desde el aire y sin un plan largo y concreto. La diplomacia y la estrategia a largo plazo importan más que la exhibición de poder.
¿Para qué sirve todo esto?
Cuando aviones de combate atacaron a Irán, la reacción de muchos veteranos fue de incredulidad. “¿En serio?” fue la respuesta en voz alta de quienes saben lo que significa que alguien no vuelva a casa. Preguntan con razón: ¿para qué sacrificamos vidas si el objetivo no está claro o no hay un plan real después de las bombas?
Algunas voces dentro del Gobierno que apoyan la actuación militar también tienen experiencia en Irak y Afganistán. Aun así, eso no calma a quienes sirvieron y ahora ven una repetición de errores ya vistos.
Números y temores
- Más de 1.000 personas han muerto en Irán desde el inicio del conflicto reciente.
- Siete soldados estadounidenses han fallecido en combate.
Para muchos veteranos, esos números son el inicio de una pendiente que puede empeorar. Se preguntan si su vida o la de sus seres queridos va a ser usada para un fin que el presidente no puede explicar con claridad. Esa idea les indigna y entristece.
Reservistas y el miedo a ser “carne de cañón”
En los últimos días, las redes de veteranos se han llenado de llamadas y mensajes. Algunos reservistas confiesan su temor de convertirse en mano de obra para decisiones apresuradas. Uno de los comentarios que más resuena es: “No tengo miedo de morir por mi país. Tengo miedo de morir por alguien que tiene su propia agenda.”
En resumen, lo que piden estos veteranos no es negar la defensa de la nación. Piden claridad, responsabilidad y planes a largo plazo. No quieren más déjà vu. No quieren volver a aprender las mismas lecciones dolorosas en carne propia.
El Pentágono no respondió a pedidos de comentario, y mientras tanto la preocupación crece entre quienes conocen de primera mano el coste humano de la guerra.