Qué ha pasado con los aranceles globales

Hace un año, Donald Trump anunció en la Casa Blanca un arancel global del 10 % dentro de su gran paquete ejecutivo bautizado, con la fina sutileza habitual, como “Día de la Liberación”. El efecto inmediato fue un desplome bursátil que fue el peor desde la pandemia. En los días siguientes, los países afectados intentaron cerrar acuerdos con Washington o responder con sus propias tasas.

El 20 de febrero, el Tribunal Supremo dictaminó que la mayoría de esos aranceles eran ilegales. El alto tribunal recordó que el presidente no puede imponer gravámenes amplios y abiertos alegando una emergencia nacional para hacerlo todo a su gusto.

Eso no cerró la guerra comercial. En cuestión de horas, el presidente recurrió a otra ley para lanzar un arancel temporal, que vencerá en julio.

Aunque los aranceles iniciales ya han sido anulados, su impacto sigue ahí. Entre su entrada en vigor y la sentencia del Supremo, la tasa arancelaria efectiva media de EE. UU. subió del 2,6 % a más del 13 %, según economistas de la Reserva Federal de Nueva York. Es el nivel más alto desde la Segunda Guerra Mundial. Nada mal para una política presentada como una cura milagrosa.

Cómo funcionan los aranceles

Los aranceles no son una novedad. Casi todas las administraciones estadounidenses los han usado de forma selectiva para proteger sectores concretos, responder a prácticas comerciales desleales o ganar influencia en una negociación.

En términos simples, un arancel es un impuesto que un gobierno cobra sobre bienes y servicios procedentes de otro país. El objetivo es encarecerlos para empujar a los compradores hacia productos nacionales.

Cuánto ha recaudado EE. UU.

Trump prometió que los aranceles reducirían el déficit comercial y harían más rico al país. La realidad, de momento, es bastante menos épica: el consumidor medio sale perdiendo, con hogares que han pagado más de 1.000 dólares extra en 2025 por los mismos alimentos, ropa y coches, según la Tax Foundation.

Según el Penn Wharton Budget Model, EE. UU. recaudó más de 287.100 millones de dólares en derechos de aduana en 2025 y 64.400 millones más hasta ahora en 2026.

Tras la sentencia del Supremo, el Gobierno podría verse obligado a devolver hasta 175.000 millones de dólares a las empresas que abonaron esos gravámenes, de acuerdo con ese mismo modelo.

Quién está pagando de verdad

La Casa Blanca ha sostenido una y otra vez que los aranceles eran un impuesto sobre países y bloques extranjeros, como China o la UE, y que ellos asumirían el coste.

Los economistas de la Reserva Federal de Nueva York han concluido lo contrario: cerca del 90 % de la carga económica de los aranceles ha recaído sobre empresas y consumidores estadounidenses, mientras que los exportadores extranjeros solo han absorbido una parte pequeña.

Las encuestas de la Fed de Nueva York muestran que aproximadamente la mitad de las empresas sujetas a aranceles subieron sus precios, trasladando el coste directamente a la caja. Qué sorpresa, en realidad.

La Tax Foundation calcula que los hogares estadounidenses pagaron 1.000 dólares más en 2025 por los mismos bienes que ya compraban. Y ese golpe no se repartió por igual. Los hogares con menos ingresos, que dedican una mayor parte de su salario a bienes básicos como alimentación, ropa y transporte, notaron mucho más la presión.

En noviembre, la Administración Trump firmó una orden ejecutiva que eximía de su régimen arancelario más de 237 categorías de importaciones alimentarias. Café, ternera y naranjas estaban entre los productos eliminados de la lista. Fue una rectificación importante de su política comercial y, de paso, un reconocimiento bastante claro de lo que los economistas llevaban meses advirtiendo: gravar bienes cotidianos termina afectando antes y más fuerte a los estadounidenses.

Con los aranceles IEEPA de Trump sustituidos por una tasa plana del 10 %, la Tax Foundation prevé que el coste medio para los hogares estadounidenses baje hasta unos 600 dólares. Es una mejora, sí, pero sigue siendo una factura considerable para consumidores que no firmaron ninguna de estas genialidades.