Trump proclama la victoria, una y otra vez

“Déjenme decirles que hemos ganado”, afirmó en un mitin en Kentucky el 11 de marzo. “Creo que hemos ganado”, dijo en el césped sur de la Casa Blanca el 20 de marzo. “Hemos ganado esta guerra. La guerra ha sido ganada”, insistió en el Despacho Oval el 24 de marzo. Y el 25 de marzo, en una cena de recaudación de fondos, prometió que “vamos ganando por mucho”.

Donald Trump no deja de declararse vencedor en Irán. El problema, como suele ocurrir con la realidad, es que repetirlo no la convierte en verdad. Mientras el presidente estadounidense presenta su campaña militar en Oriente Medio como un éxito histórico, el mundo se prepara para un conflicto que sigue expandiéndose y que podría golpear con dureza a la economía global.

Una vieja costumbre con un límite muy concreto

La guerra se está convirtiendo en la prueba definitiva de un principio que ha acompañado a Trump durante décadas: construir una narrativa, proclamarla como cierta y empujar al resto del mundo a aceptarla. Ese método le ha funcionado en las salas de juntas de Manhattan, en la televisión de telerrealidad y, sí, también en el corazón del poder en Washington.

Pero en Irán, su particular versión de la “hipérbole veraz” se ha topado con la verdad sin adjetivos. Su campo de distorsión de la realidad ha chocado contra un muro.

“Esto es una guerra y no puedes inventarte una victoria a base de desearla”, dijo Tara Setmayer, cofundadora de Seneca Project, un comité de acción política dirigido por mujeres. “La opinión pública estadounidense no está de acuerdo con lo que está pasando porque él no puede explicar por qué estamos allí ni qué aspecto tendría realmente la victoria”.

La fábrica del convencimiento

Trump ha tenido una vida bastante cómoda, y eso también ayuda a explicar su fe en sí mismo. Creció en un barrio apartado de Queens, en Nueva York, donde su padre, Fred, un promotor inmobiliario adinerado, le habría enseñado a no disculparse nunca ni mostrar debilidad. Los domingos los pasaba en una iglesia cuyo pastor principal era Norman Vincent Peale, autor del influyente superventas The Power of Positive Thinking.

Entre las instrucciones del libro figuran estas: “Forme y grabe de manera indeleble en su mente una imagen mental de usted mismo triunfando. Sostenga esa imagen con tenacidad. Nunca permita que se desvanezca. Su mente tratará de desarrollar esa imagen... No construya obstáculos en su imaginación”.

Gwenda Blair, biógrafa de Trump, explicó así esa lógica: “Cuando estaba en el instituto militar ya le dijo a su compañero de habitación que su objetivo era ser famoso, una celebridad, y entendió que ser una celebridad te permitía deformar la realidad, salirte con la tuya, ser lo más grande posible. Su compañero contó que Trump estaba tumbado en la cama del dormitorio anunciando sus planes de hacerse famoso.

“Entendió que esa era la llave y no se equivocó. Cuanto más grande eres, más gente se siente atraída por esa fama y más dispuesta está a pasar por alto lo que realmente está ocurriendo, porque tú puedes decirles qué está ocurriendo. Puedes decirles lo que tienen delante de los ojos y, sin embargo, lo que tienen delante es mucho más aburrido, menos dramático y menos emocionante”.

De los negocios a la política, pasando por la exageración

Esa forma de actuar le sirvió durante años en el negocio familiar. Abrió hoteles y casinos y se hizo famoso por exagerar de manera sistemática su propia riqueza. Presentó el Trump Taj Mahal de Atlantic City como la “octava maravilla del mundo” y aseguró a reguladores e inversores que sería una máquina de hacer dinero. Se declaró en quiebra un año después de abrir.

En realidad, las empresas de Trump quebraron seis veces, aunque él nunca se declaró en quiebra personalmente. Mientras tanto, consolidó su fama al presentar el programa de telerrealidad The Apprentice y entró en política con la mentira de que Barack Obama había nacido en el extranjero. Sus afirmaciones falsas durante la campaña de 2016, como la idea de que México pagaría un muro fronterizo, no impidieron que ganara las elecciones.

Durante su primer mandato, Trump hizo más de 30.000 afirmaciones falsas o engañosas, según un recuento del Washington Post. Una y otra vez creó su propia versión alternativa de la realidad. Pero esa estrategia se vino abajo cuando Estados Unidos fue golpeado por la pandemia de covid-19 y los cientos de miles de muertes no pudieron borrarse con discurso motivacional. Trump terminó perdiendo las elecciones de 2020.

Cuando la realidad no obedece

Sigue insistiendo, sin pruebas, en que aquella votación fue “amañada” en su contra, y millones de sus seguidores le creen. Cuando una multitud de partidarios asaltó el Capitolio el 6 de enero de 2021 en un intento de revertir el resultado, él la presentó después como un grupo de patriotas defendiendo la democracia. Y los indultó en su primer día de regreso al poder.

Trump también ha reflejado la realidad como en un espejo invertido al describir las investigaciones penales contra él como una caza de brujas y acusar a los demócratas de convertir el Departamento de Justicia en un arma, incluso mientras él mismo ordenaba al fiscal general perseguir a sus rivales políticos. Los directivos de grandes tecnológicas, bufetes de abogados, medios de comunicación y universidades han terminado cediendo ante sus relatos.

Numerosos líderes extranjeros también han alimentado la versión trumpiana del mundo, elogiando su papel en la guerra de Ucrania, haciendo concesiones arancelarias o aceptando que merece el Nobel de la Paz por haber puesto fin supuestamente a siete guerras. Pero sus planes para Groenlandia ya estiraban bastante los límites de su pensamiento positivo. La guerra en Irán amenaza con romperlos.

Un conflicto que no se deja convencer

A un mes del conflicto, Trump está en apuros. La guerra ya ha costado 13 vidas estadounidenses y miles de millones de dólares. Sin embargo, no hay señales claras de que el régimen iraní esté perdiendo el control. Al contrario, como muchos analistas predijeron, Teherán ha desencadenado una crisis energética global al bloquear el estrecho de Ormuz. Las encuestas muestran que la guerra ya es impopular entre los votantes estadounidenses y una invasión terrestre lo sería todavía más. No existe una estrategia de salida evidente.

Blair, autora de The Trumps: Three Generations of Builders and a Presidential Candidate, cree que Trump por fin ha encontrado a su rival. Al señalar la cultura orgullosa de Irán y su negativa a arrodillarse, dijo: “A él no le interesa nada su historia; a ellos no les interesa nada su fama.

“Es un paralelismo interesante porque Irán ha estado construyendo la realidad que quiere que sus ciudadanos acepten. Donald Trump ha estado construyendo la realidad que quiere que sus ciudadanos acepten. Así que es un régimen constructor de realidad contra otro régimen constructor de realidad. Un choque de titanes”.

El límite entre la fantasía y la guerra

Pero este choque tiene consecuencias geopolíticas mortales. Joel Rubin, exsubsecretario adjunto de Estado, sostiene que la fe de Trump en su propia supremacía mental malinterpreta por completo cómo funciona una guerra.

“Trump cree de verdad en el poder de la mente para controlar los acontecimientos y para moldear cómo percibe la gente esos acontecimientos y cómo se construye la realidad”, dijo Rubin.

“El problema en este caso es que los iraníes no tienen por qué doblegarse ante eso. Existen formas probadas de ganar guerras y de terminarlas, mediante la fuerza militar o la diplomacia, que no tienen nada que ver con la mente, con la fuerza de voluntad o con desear que ocurra porque el otro bando hará lo que queremos. Va a toparse con esa realidad y, cuanto antes recurra no solo a la realidad del poder militar, sino también a la del poder diplomático, más probable será que tenga éxito”.

La salida, si llega, tendrá que reescribirse

Según informaciones de prensa, Trump se está “aburriendo” de la guerra y busca pasar página. Si eso ocurre, él y sus aliados volverán a enfrentarse al problema de venderlo como una victoria aplastante que solo él pudo lograr. Algunos comentaristas políticos no compran ya esa omnipotencia tan bien empaquetada.

Larry Jacobs, director del Center for the Study of Politics and Governance de la Universidad de Minnesota, fue bastante directo: “Irán es el Waterloo de Trump. Esto es la demolición del mito de Donald Trump. Sus seguidores alaban su instinto y su estilo improvisado, pero la otra interpretación es que no sabe lo que hace, que no ha tomado la molestia de investigar las consecuencias devastadoras de sus actos y que por eso se está hundiendo cada vez más en un atolladero. Eso es evidente para cualquiera”.

Jacobs añadió: “Seas analista militar o político, estés en el Partido Demócrata o en el Republicano, aquí hay una realidad. Donald Trump se ha encontrado con el momento de la verdad. La vida ficticia que ha llevado y proyectado durante los últimos cuatro o cinco decenios ha quedado desenmascarada como un drama mortal. Va a costar la vida de muchísima gente. Va a devastar la economía estadounidense y la regional. Va a retrasar a Estados Unidos y su posición en el mundo. Es un momento espantoso”.