Bloqueo en el Santo Sepulcro y tormenta diplomática
La mañana empezó mal en Jerusalén, que no suele necesitar mucho para complicarse. La policía israelí impidió al patriarca latino de Jerusalén, el cardenal Pierbattista Pizzaballa, entrar en la basílica del Santo Sepulcro, acompañado por el custodio de Tierra Santa, el padre Francesco Ielpo, para una pequeña celebración privada por el Domingo de Ramos.
La noticia se extendió a media mañana y provocó una reacción inmediata. Desde el Patriarcado Latino calificaron la medida de "manifiestamente irrazonable y desproporcionada", y sostuvieron que suponía una grave vulneración de la libertad de culto, de la razonabilidad y del statu quo en los lugares santos.
En el Ángelus, el papa León expresó su cercanía a los cristianos de Oriente Medio, que, según dijo, sufren las consecuencias de un conflicto terrible y en muchos casos no pueden vivir plenamente los ritos de estos días santos.
Reacción en Italia, en Roma y en Europa
La protesta no se quedó en el ámbito religioso. El Gobierno italiano entró de lleno en la polémica. La primera ministra, Giorgia Meloni, habló de una ofensa no solo para los creyentes, sino para cualquier comunidad que reconozca la libertad religiosa.
El ministro de Exteriores, Antonio Tajani, calificó el veto de inaceptable, expresó su indignación y llamó a consultas al embajador israelí. El titular de Defensa, Guido Crosetto, fue aún más lejos al describir lo sucedido como un episodio preocupante y sin precedentes.
También se sumaron voces de la oposición italiana. La secretaria del Partido Demócrata, Elly Schlein, expresó su solidaridad con Pizzaballa. Desde Francia, el presidente Emmanuel Macron condenó la decisión de la policía israelí.
La Conferencia Episcopal Italiana, por su parte, mostró su sdegno y pidió a los gobernantes una tregua para Pascua. Porque, por si faltara tensión en el calendario, la Semana Santa también había reservado espacio para este episodio.
Pizzaballa celebra en el Monte de los Olivos mientras crece la presión
Mientras la polémica seguía subiendo de temperatura, Pizzaballa se dirigió al Monte de los Olivos para una oración por la paz, también marcada por restricciones de seguridad que recordaban a los tiempos de la pandemia. Durante la liturgia afirmó: "Vivimos una situación muy complicada, pero queremos la paz". Añadió que aquel día Jesús llora sobre Jerusalén, aunque la guerra no prevalecerá.
El embajador israelí ante la Santa Sede, Yaron Sideman, insistió en que el bloqueo respondía a motivos de seguridad. Pero poco después empezaron a llegar señales más conciliadoras desde la cúpula del Estado israelí.
El presidente Isaac Herzog telefoneó al patriarca latino para expresarle su profundo pesar por el incómodo incidente de la mañana y reiteró el compromiso de Israel con la libertad religiosa de todas las confesiones y con la preservación del statu quo en los lugares santos de Jerusalén.
Minutos más tarde, el primer ministro Benyamin Netanyahu publicó un mensaje en X en el que anunció que había dado instrucciones a las autoridades para que al cardenal Pizzaballa se le concediera acceso pleno e inmediato al Santo Sepulcro. Añadió que, en los últimos días, Irán había apuntado repetidamente con misiles balísticos contra lugares sagrados de las tres religiones monoteístas en Jerusalén y que, en uno de esos ataques, fragmentos de misil cayeron a pocos metros de la basílica.
Ya por la noche, el propio Netanyahu señaló que Israel trabajaba en un plan para garantizar las celebraciones en el Santo Sepulcro. Pizzaballa, por su parte, cerró la jornada con un mensaje de prudencia: no se trata de forzar nada, dijo, pero además de seguridad hace falta respeto por la oración.