El frenazo judicial al proyecto de Trump

El salón de fiestas para 999 personas que Donald Trump quiere levantar en la Casa Blanca, con un coste estimado de 400 millones de dólares y tras derribar una parte sustancial del edificio, ha sido bloqueado por un juez federal. La decisión la ha firmado Richard Leon, que rechaza el argumento de la Administración de que el presidente tenga carta blanca para modificar a su antojo la histórica residencia del 1600 de Pennsylvania Avenue. Ya saben, la pequeña molestia de tratar la Casa Blanca como si fuera una parcela privada.

En su resolución, de 35 páginas, Leon deja una idea bastante clara: el presidente de Estados Unidos es el custodio de la Casa Blanca para las generaciones futuras, no su dueño. Y añade que ninguna ley se acerca siquiera a concederle la autoridad que Trump dice tener.

Una batalla que llevaba meses cocinándose

El varapalo llega después de que Trump llevase meses ensalzando la grandeza de su proyecto, con maquetas digitales y rendiciones en prácticamente cada acto público al que acudía, incluso cuando el asunto del día era la guerra con Irán. La iniciativa había quedado bajo la lupa el pasado diciembre, cuando el National Trust for Historic Preservation presentó una demanda contra la Administración Trump al considerar que la sala de baile era ilegal y pedir que se suspendiera hasta someterla a examen público.

La Casa Blanca respondió llevando el plan a la Commission of Fine Arts, un organismo federal que asesora sobre las grandes obras arquitectónicas. Ese órgano lo aprobó el 19 de febrero. La National Capital Planning Commission, otro comité de revisión, tiene previsto votar sobre el proyecto el 2 de abril.

Trump ha llenado ambos organismos de aliados, incluida su asistente ejecutiva. Pero, tras esta sentencia, incluso una mayoría cómoda podría quedarse corta. Detalles menores de la democracia institucional, siempre tan poco colaborativos cuando uno tiene prisa.

La respuesta airada de Trump

La reacción del presidente estadounidense no tardó. Apenas unos minutos después de conocerse la decisión, publicó un extenso mensaje en Truth en el que acusó al National Trust for Historic Preservation de ser “un grupo de extremistas de izquierda compuesto por locos”.

Trump defendió que el National Trust le está llevando a juicio por un salón de fiestas que, según él, entra en presupuesto, va por delante del calendario previsto, no costará nada a los contribuyentes y será “el edificio más refinado de su tipo en todo el mundo”.

También aprovechó para recordar las críticas recibidas por las obras de renovación del Kennedy Center, rebautizado ahora como Trump-Kennedy, y para lamentar que nadie haya dicho nada sobre la Reserva Federal, a la que describió como un edificio “devastado y destruido, por dentro y por fuera”. Era cuestión de tiempo que el ataque acabara también en Jerome Powell, presidente de la Fed, a quien Trump lleva tiempo reservando una buena dosis de hostilidad.