Rublev, sin rodeos en Nimes

Andrey Rublev llegó a Nimes como uno de los nombres más esperados del UTS y, como ya es costumbre, no tardó en dejar una frase para el archivo. Consultado por un campeón del pasado con el que le gustaría jugar, el moscovita respondió con desarmante franqueza que no tiene una respuesta. En realidad, ni le interesa demasiado. A cualquiera que le pongan delante, dice, se enfrenta sin problema. Y si le evitaran tener que jugar, todavía mejor. Una sinceridad tan limpia que casi parece un plan de comunicación, aunque no lo sea.

Presente, pasado y una generación que empuja

A pocos meses de cumplir 29 años, Rublev intenta trazar la línea que separa la nostalgia del circuito actual. Y ahí es donde aparecen Jannik Sinner y Carlos Alcaraz, dos jugadores que simbolizan la nueva élite del tenis. Sobre ellos, el ruso subraya que “siempre juegan al tenis”, una forma bastante sobria de resumir que no viven de la pose ni del decorado. También admite que su ascenso le inspira confianza, una señal de que el relevo generacional no le provoca alarma, sino cierto alivio.

En un deporte que a veces se vende como una batalla de relatos épicos, Rublev prefiere la versión más simple: competir, sin demasiadas solemnidades y con la menor cantidad posible de teatro. Algo poco frecuente, y por eso mismo casi refrescante.