Zohran Mamdani decidió convertir las primarias de Nueva York en una prueba de fuerza personal. No se limitó a saludar al aparato demócrata, bendecir a los favoritos y volver a los cortes de cinta. Apostó por candidatos situados más a la izquierda, algunos cercanos a la DSA, y se metió en distritos donde los titulares y sus herederos parecían tenerlo todo controlado. El martes por la noche, esa apuesta salió mejor de lo que muchos esperaban y bastante peor para varios veteranos del partido.
El resultado es claro: Mamdani ya no es solo una figura ascendente de la izquierda neoyorquina. Ahora parece capaz de mover votos, dinero, atención y ansiedad nacional. También deja dudas para Hollywood, para las tecnológicas y para los demócratas que aún pensaban que los sobresaltos electorales podían controlarse. Claro que sí.
Por qué la apuesta de Mamdani cambió el mapa
Durante las semanas previas a las primarias estatales, Mamdani se implicó en varias contiendas que muchos daban por resueltas. Su apoyo, reforzado por la visibilidad de figuras como Hasan Piker, convirtió carreras locales en choques entre progresistas demócratas, socialistas democráticos y el viejo orden del partido.
El movimiento irritó especialmente a líderes latinos demócratas en distritos donde el relevo parecía pactado desde hacía tiempo. Pero el cálculo de Mamdani era otro: demostrar que su coalición podía sobrevivir fuera de su propia campaña y trasladarse a candidaturas legislativas.
La noche dejó tres victorias de su lado:
- Claire Valdez derrotó a Antonio Reynoso en el distrito congresual 7.
- Darializa Avila Chevalier venció a Adriano Espaillat en el distrito 13.
- Brad Lander superó al titular Dan Goldman en el distrito 10.
En Nueva York, ganar una primaria demócrata suele equivaler a tener medio pie, y a veces los dos, en el cargo. Por eso estas derrotas no son anécdotas de calendario electoral. Son señales de que el poder dentro del partido está cambiando.
Claire Valdez derrota al relevo elegido por Nydia Velázquez
El distrito congresual 7 ofrecía el primer gran terremoto. Nydia Velázquez, pionera latina y primera mujer puertorriqueña elegida al Congreso, anunció su retirada tras 32 años en Washington. Su distrito incluye Williamsburg, Greenpoint y Ridgewood, entre otras zonas, una mezcla muy neoyorquina de comunidades puertorriqueñas, judías jasídicas, jóvenes profesionales y votantes progresistas.
Velázquez había apoyado a Mamdani en la carrera por la alcaldía, ayudándole a ganar respaldo entre votantes puertorriqueños. Cuando decidió marcharse, impulsó a Antonio Reynoso, presidente del condado de Brooklyn y progresista, como sucesor natural.
Mamdani no siguió el guion. Respaldó a Claire Valdez, asambleísta estatal treintañera, nacida en Texas, ciudadana también de la Nación Ysleta del Sur Pueblo y con trayectoria activista desde la School of the Art Institute of Chicago. La decisión abrió una fractura directa con Velázquez.
Las encuestas apuntaban a una carrera reñida entre Valdez y Reynoso. El resultado no lo fue. Valdez ganó por unos 20 puntos, una diferencia que convirtió el supuesto pulso interno en una demostración de fuerza. Para Mamdani, fue la prueba de que podía desafiar a una figura histórica del partido y salir reforzado. Para el aparato, fue una noche larga y amarga.
Darializa Avila Chevalier tumba a Adriano Espaillat
El golpe más llamativo llegó en el distrito congresual 13, que cubre el norte de Manhattan, incluido Harlem y Washington Heights, y se extiende hacia el Bronx. Es un territorio acostumbrado al poder político tradicional. Charles Rangel lo dominó durante más de 45 años, incluso después de un escándalo ético en 2010. Después, el escaño pasó a su protegido Adriano Espaillat, primer dominico-estadounidense elegido al Congreso.
Espaillat buscaba un sexto mandato y parecía favorito. Mamdani llegó a decir que lo apoyaría. Luego cambió de posición por Darializa Avila Chevalier, organizadora de 32 años, hija de inmigrantes dominicanos y debutante electoral. Chevalier ayudó a liderar las protestas propalestinas del campamento de 2024 en la Universidad de Columbia, donde había estudiado, y también asistió, según se informó, a una controvertida concentración propalestina en Times Square el 8 de octubre de 2023.
Su candidatura tocó fibras sensibles en un distrito con una fuerte comunidad dominicana. El mismo martes, Chevalier abandonó una entrevista en la emisora La Mega durante una discusión sobre por qué no incluía la bandera dominicana en sus perfiles sociales. Ella describió el nacionalismo dominicano como “violento”.
La polémica pudo mover apoyos o resistencias, pero no frenó su avance. Chevalier también ganó impulso en plataformas virales, apareció junto a Hasan Piker y Claire Valdez en un club de Bushwick, y participó en un gran acto en el King’s Theatre de Brooklyn con Mamdani, Valdez y Brad Lander. Sara Bareilles actuó allí, en uno de esos momentos donde la política recuerda que también sabe pedir prestado el lenguaje del espectáculo.
El martes, Chevalier derrotó a Espaillat por unos tres puntos, cerca de 2.000 votos, con el 90% escrutado. Si gana en noviembre, como parece probable, llegará al Congreso como una de las nuevas figuras más polarizantes del ala progresista, en una trayectoria que muchos compararán con la victoria de Alexandria Ocasio-Cortez contra el aparato demócrata ocho años antes.
El nuevo corredor progresista de Nueva York
Las victorias de Valdez y Chevalier no llegaron aisladas. Se suman a la de Brad Lander, excontralor municipal y antiguo rival de Mamdani, que venció al titular Dan Goldman en el distrito congresual 10, en el Bajo Manhattan y zonas ya muy gentrificadas de Brooklyn.
Lander no pertenece formalmente a la DSA, pero su victoria amplía el mapa de una izquierda urbana que ya tenía peso en partes de Brooklyn y Queens. Ese eje ha recibido el apodo de “corredor comunista”, con cariño o con alarma, según quién lo pronuncie y cuánta televisión por cable haya visto esa semana.
La imagen importa porque dice algo más que un giro ideológico. Estos candidatos conectan con votantes jóvenes, arrendatarios presionados por el coste de la vida, activistas propalestinos, sindicatos y sectores desencantados con un Partido Demócrata percibido como demasiado cómodo con sus propios rituales.
Para Hollywood y otras industrias culturales, el fenómeno también tiene interés. No porque todos los guionistas vivan en Williamsburg, aunque a veces lo parezca, sino porque estas candidaturas colocan en el Congreso voces más agresivas sobre vivienda, trabajo, derechos sindicales, guerra en Gaza y poder corporativo. Temas que atraviesan salas de redacción, estudios, sindicatos de intérpretes y plataformas de distribución.
La IA domina una carrera en Manhattan
El distrito congresual 12 fue otra historia, menos socialista y más tecnológica. Abarca buena parte de Manhattan entre las calles 14 y 96, incluyendo Broadway, Madison Square Garden, 30 Rock, el Lincoln Center y una concentración considerable de medios y empresas de entretenimiento.
Aquí no había una batalla entre el centro y la izquierda radical. La carrera principal enfrentó a Alex Bores, ingeniero y veterano del sector tecnológico de 35 años, contra Micah Lasher, operador político de 44 años que trabajó con Michael Bloomberg y el exfiscal general estatal Eric Schneiderman. Ambos son asambleístas estatales. El congresista saliente Jerry Nadler apoyó a Lasher, mientras Carolyn Maloney respaldó a Bores.
El elemento decisivo fue la inteligencia artificial. Bores patrocinó la RAISE Act, una regulación estatal que exige, entre otras cosas, que las empresas de IA publiquen y apliquen planes de seguridad. Eso atrajo dinero contra él desde Leading the Future, un super PAC financiado por figuras como Greg Brockman, presidente de OpenAI, Joe Lonsdale, cofundador de Palantir, y el inversor Marc Andreessen.
Los anuncios contra Bores se centraron en su pasado en Palantir, una táctica que buscaba presentarlo como incoherente. Él respondió acusando a un pequeño grupo de poderosos del sector tecnológico de intentar convertir su campaña en un aviso contra cualquier intento de regulación.
Qué significa para Hollywood la derrota de Alex Bores
Bores perdió frente a Lasher por unos cuatro puntos, cerca de 4.000 votos, con el 90% escrutado. Jack Schlossberg, otra figura conocida por su presencia en redes y su apellido Kennedy, quedó muy por detrás, con unos 11.000 votos, aproximadamente 25.000 menos que Bores.
La derrota importa porque Bores se había convertido en una figura atractiva para quienes quieren controles más estrictos sobre la inteligencia artificial. En el entretenimiento, ese debate no es abstracto. Guionistas, actores, compositores, animadores y técnicos ya han visto cómo la IA generativa puede alterar contratos, autoría, salarios y uso de imagen.
Bores construyó una coalición poco habitual: moderados atraídos por su política exterior y progresistas interesados en su postura contra una IA sin frenos. Incluso recibió el respaldo de nombres del cine y la televisión, entre ellos Benj Pasek, compositor de La La Land. También lo apoyó Anthropic, más centrada en seguridad, en contraste con los ataques vinculados a OpenAI.
En su discurso de concesión, Bores intentó presentar la campaña como el inicio de un movimiento más amplio. Lasher, por su parte, quiso dejar claro que no será un simple aliado de las grandes tecnológicas. En su discurso de victoria, dijo que no recibiría instrucciones de las dos grandes compañías de IA que se habían interesado de forma tan inusual por la carrera.
La frase no convierte a Lasher en un regulador feroz de la noche a la mañana. Pero indica que incluso los candidatos más centristas entienden que parecer demasiado cercanos a Silicon Valley ya no siempre suma.
En el norte del estado aparece el empresario de las pegatinas
La noche también dejó una historia republicana difícil de ignorar. En el distrito congresual 21, que se extiende por el norte del estado hasta Plattsburgh, la frontera canadiense y zonas cercanas a Vermont, Anthony Constantino ganó la primaria para suceder a Elise Stefanik.
Constantino no era una figura política tradicional. Es exboxeador y dirige Sticker Mule, una empresa de impresión de pegatinas. En 2024 colocó sobre su oficina un cartel luminoso rojo de unos 30 metros con el mensaje “Vote for Trump”, visible desde la autopista. La ciudad de Amsterdam, Nueva York, no lo había aprobado y expresó preocupación por posibles accidentes de tráfico. Constantino respondió que era libertad de expresión.
Donald Trump reparó en él, lo respaldó, y ese apoyo cambió la carrera. Constantino derrotó por unos 20 puntos a Robert Smullen, miembro de la Asamblea estatal, ex coronel de los Marines y candidato respaldado por buena parte del aparato republicano.
La campaña fue áspera. Constantino llamó “malvado” a Smullen en un mensaje de texto; Smullen acusó a Constantino de ser demócrata. Ahora Constantino se enfrentará al demócrata Blake Gendebien, un ganadero lechero poco conocido. Si alguien está buscando material para una sátira política, puede descansar: el suministro no se ha interrumpido.
Un aviso nacional para demócratas, tecnológicas y espectadores
La gran pregunta es si lo de Nueva York anuncia un cambio duradero o solo otra ola progresista ligada al clima político de la era Trump. En el primer mandato de Trump, candidatos de izquierda como Alexandria Ocasio-Cortez, Jamal Bowman y Cori Bush lograron victorias sorprendentes. Algunos consolidaron poder. Otros fueron derrotados cuando cambiaron las condiciones políticas.
Mamdani y sus aliados quieren demostrar que esto no es solo una reacción contra Trump, sino una reorganización más profunda del poder demócrata urbano. Sus críticos dirán que el partido corre el riesgo de alejarse de votantes moderados, líderes comunitarios tradicionales y donantes que prefieren menos sobresaltos antes de cenar.
Para la industria del entretenimiento, el mensaje es doble. La política cultural, laboral y tecnológica se está escribiendo en distritos donde viven, trabajan o influyen muchas personas del sector. Y las grandes tecnológicas ya están dispuestas a gastar fuerte cuando un candidato amenaza con regular la IA.
La noche dejó ganadores claros, perdedores visibles y una sensación menos cómoda para todos los que creían que Nueva York seguía obedeciendo a sus viejas reglas. El siguiente capítulo aún no está escrito, pero ya tiene demasiados personajes para una sola temporada.



