Un fallo muy terrestre a miles de kilómetros de la Tierra

A unas siete horas del inicio del vuelo de Artemis II, el comandante Reid Wiseman se topó con una de esas averías que cualquier usuario de Microsoft reconoce al instante: Outlook dejó de funcionar.

En una conversación con el control de misión en Houston, Wiseman comentó que tenía “dos Microsoft Outlooks” en su PCD y que ninguno funcionaba. PCD significa Personal Computing Device, el nombre técnico de los portátiles o tabletas especializados que usan los astronautas de Artemis para gestionar tareas concretas, entre ellas el acceso al correo electrónico durante la misión de 10 días a la Luna.

Estos dispositivos no son un detalle menor. Son una pieza clave para que los cuatro tripulantes trabajen con los datos de la misión y se comuniquen durante este histórico vuelo de reconocimiento lunar, que además llevará a la tripulación más lejos en el espacio que cualquier ser humano hasta ahora.

Wiseman pidió entonces a Houston que se conectara en remoto y revisara esos dos Outlooks, lo que habría sido un gesto de ayuda bastante sensato incluso en la órbita lunar. Houston confirmó que entrarían en su PCD y le avisarían cuando hubieran terminado. El audio acaba ahí, por desgracia, así que no sabemos si alguien le formuló la inmortal pregunta de si había probado a apagar y encender el dispositivo antes de pedir asistencia técnica interestelar.

La gran duda: ¿qué ha pasado con el correo?

WIRED ha contactado tanto con NASA como con Microsoft para pedir una explicación más detallada sobre la caída del correo. Entre las posibilidades, claro, están las habituales de cualquier oficina con teclado y mala suerte:

  • algún complemento de terceros que entre en conflicto con Outlook y lo bloquee
  • un archivo de vídeo absurdamente grande enviado desde la cobertura del lanzamiento
  • una cuota de OneDrive alcanzada antes de tiempo
  • o, en un giro casi insultante, que Gmail habría resultado más práctico

Microsoft señaló que su representante de prensa de Outlook podría tener información más tarde ese mismo día. Si la reciben, actualizarán la información. NASA, por su parte, todavía no había respondido, aunque también conviene recordar que la agencia tenía bastante más entre manos que un buzón atascado.

Un problema pequeño, pero no precisamente histórico

Como fallos informáticos espaciales, no poder abrir el correo mientras flotas entre 6.000 y 9.000 kilómetros por encima de la cara oculta de la Luna es molesto, sí, pero también queda bastante abajo en la escala del desastre cósmico.

Un ejemplo clásico es el de la sonda Mariner 1 de la NASA, destruida intencionadamente en 1962 poco después del lanzamiento debido a un fallo en el sistema de guiado. La causa se rastreó a un único carácter ausente en un código manuscrito: un guion que hizo que el cohete Atlas Agena se desviara de su trayectoria y recibiera la orden de autodestrucción tras solo 293 segundos de vuelo.

La misión costó entonces 18,5 millones de dólares, lo que hoy equivaldría a más de 200 millones. En los círculos de ingeniería, el episodio sigue siendo célebre como “el guion más caro de la historia”. Y sí, comparado con eso, un Outlook caprichoso casi parece un asunto administrativo.