Lo esencial
Un exasesor de Trump que participó en negociaciones con Irán cree que el conflicto va a durar más de lo previsto y que es probable que escale. Según él, ambas partes están demasiado seguras de su postura y ninguna parece dispuesta a aceptar una salida realista en este momento.
Sobre la sorpresa del presidente
El exasesor señala que la afirmación del presidente de que le sorprendió la represalia iraní contra infraestructuras energéticas no es precisa. En el gobierno hubo advertencias sobre los riesgos, pero, según él, no se escucharon. Además, este exasesor fue apartado del cargo y afirma que ya había escrito lo que finalmente ocurrió.
Estado del conflicto hoy
- Ambas partes muestran una confianza que el exasesor califica de irracional.
- Esa confianza complica encontrar una salida política.
- Cree que la guerra probablemente dure más de lo que muchos esperaban y que se avecinan nuevas escaladas.
- Piensa que el presidente no tendrá una salida fácil y que operaciones terrestres que se estaban considerando podrían llevarse a cabo.
Las negociaciones actuales y la posición iraní
- Irán rechazó las conversaciones tal como están planteadas; es el mismo paquete que rechazó en rondas anteriores.
- Los iraníes, según el exasesor, se sienten en una posición de fuerza y creen que les corresponde imponer las condiciones.
- En la práctica, ninguna de las partes parece lista para ceder.
Cambios desde las negociaciones del año pasado
El exasesor, que negoció representando al enfoque de la administración Trump el año anterior, observa dos movimientos claves:
- En Irán: la guerra de junio endureció la postura. Mostrar más rigidez y menos disposición a negociar. Muchas respuestas iraníes han sido más bien performativas que negociación seria.
- En EE. UU.: la posición cambió antes, con menos claridad sobre qué se quería del acuerdo. La política interna y presiones externas influyeron para fijar líneas como «sin enriquecimiento».
Qué quiere Irán para aceptar una salida
Según el exasesor, Irán pediría al menos dos cosas:
- Compensación económica por lo que perciben como su nuevo control sobre el estrecho de Hormuz, algo que podría traducirse en alivio de sanciones u otras medidas financieras.
- Garantes de que no habrá repeticiones del mismo patrón de ataque cada pocos meses, lo que exige compromisos difíciles de garantizar.
También apunta a que el formato público y ultimátum de las ofertas no ayuda: los iraníes son escépticos sobre la buena fe de la propuesta.
Lecciones iraníes del conflicto
- Irán ha descubierto que puede ejercer control sobre lo que atraviesa el estrecho de Hormuz sin cerrarlo por completo; eso les permite influir sin ahogarse a sí mismos.
- Esto refuerza a quienes prefieren la presión por la fuerza en lugar de la diplomacia, porque les da una sensación de éxito táctico.
¿Quién «va ganando»?
Depende de la definición de victoria:
- Militarmente, EE. UU. ha degradado capacidades y mantiene superioridad.
- Irán puede considerar que su victoria es simplemente seguir existiendo y resistir. En ese sentido, de momento, se siente victorioso.
Así que ambos pueden afirmar que avanzan, según qué métricas usen.
Cómo vive la guerra la población iraní
El exasesor cree que la sociedad iraní está fragmentada en tres grupos:
- Partidarios del régimen.
- Opositores al régimen.
- Personas que solo quieren una vida mejor y están esperando sin involucrarse.
Los que no tienen una postura fuerte tienden a mantenerse al margen para no exponerse. Además, la población corre el riesgo de ser utilizada como pretexto para acciones del régimen y, si la situación se agrava, podrían ser los grandes perdedores.
Qué consejo daría desde el NSC
El mensaje del exasesor es claro: no se puede imponer unilateralmente una salida; Irán no va a capitular. Las opciones son dos:
- Escalar el conflicto.
- Llegar a un compromiso.
No hay otra alternativa práctica. Además, cree que los mercados podrían ser el factor que obligue al presidente a aceptar la desescalada, si el dolor económico llega a ser suficiente.
Conclusión rápida
La evaluación es pesimista: sin cambios en cálculo político o presión económica, la guerra puede prolongarse y escalar. Las negociaciones actuales no parecen tener el consentimiento iraní, y ambos bandos se muestran demasiado confiados para ajustar su postura.