Blizzard podría estar dándole otra vuelta a Shadowlands

World of Warcraft: Shadowlands tiene muchos números para entrar en la lista de expansiones menos queridas de la historia del juego. Tanto, de hecho, que Blizzard acabó girando sobre sí misma, dejando atrás lo que estuviera cocinando y empujando a los jugadores hacia un salto temporal de cinco años en las Islas Dragón. Todo muy sutil, como es habitual cuando una empresa quiere que olvides algo.

Las razones de ese desastre no fueron pocas: tareas pesadas en el final del juego, sequías de contenido y, sobre todo, una historia que intentó rescatar a un villano bastante soso y convertirlo en pieza central de la mitología de Warcraft. El resultado no convenció a casi nadie.

A eso se sumó Sylvanas, cuya evolución tampoco salió especialmente bien parada. Como resumía Sarah James en un artículo publicado al final de Shadowlands, la expansión no fue precisamente un regalo para sus seguidores: tras matar a incontables elfos de la noche, darle la espalda a la Horda, acabar con Saurfang y llevar años conectada con el Jailer, su arco quedó hecho unos zorros. Según esa lectura, esa relación con el Jailer venía de muy atrás, incluso desde su “muerte” en Ciudadela de la Corona de Hielo, al final de Wrath of the Lich King.

El cinemático de Quel'Danas levanta la ceja

En el cinemático final de la banda March on Quel'Danas, Sylvanas no hace gran cosa aparte de incomodar a Xal'atath, que desde luego no parece por la labor de medir fuerzas con la reina banshee. El abrazo con Vereesa, eso sí, resulta un momento sorprendentemente tierno para una saga que suele resolver sus conflictos con trauma y portales.

Pero luego suelta una frase que cambia bastante el tono:

"Las Tierras Sombrías no son en absoluto lo que parecen. No podré descansar hasta descubrir la verdad."

Y sí, quizá estoy leyendo demasiado entre líneas, pero eso suena bastante a retcon. O, como mínimo, a un retcon suave: coger una historia mal recibida e intentar reconducirla hacia otra cosa.

Blizzard y su vieja costumbre de mover el foco con un elfo

No voy a negar que Blizzard se gana algún punto por pura osadía en esta jugada, pero cuesta aplaudir mucho cuando lleva casi una década recurriendo al mismo truco: sacar a un elfo de la nada para introducir nuevas implicaciones cósmicas.

Nos hemos metido en un bucle de Windrunners y entidades extraplanares del que cuesta salir. A estas alturas, ya no sé si Blizzard podría escribir una salida aunque quisiera. Puede que ni siquiera sea su peor tics de narrativa. Puede que sea, directamente, su único truco narrativo.

Parece que Azeroth solo puede funcionar como un lugar en el que Sylvanas y sus hermanos anuncian la siguiente amenaza interdimensional con una paleta de colores fríos y una cara de mucha importancia. Quizá lo mejor sea asumirlo y seguir adelante.

Shadowlands no ha desaparecido del todo

Dicho esto, Blizzard no ha ignorado por completo las consecuencias de Shadowlands. Uno de los ejes centrales de The War Within ha sido el regreso de Anduin a la Luz después de que su conexión quedara rota por el lavado de cerebro del Jailer.

Aun así, en lo que respecta a la cosmología, decir ahora que “el reino de la muerte por el que paseamos no era lo que parecía” es una maniobra enorme. Y también bastante descarada, para qué engañarnos.

Precisamente por eso me resulta más interesante que molesta. Me gustan las historias imperfectas pero sinceras, y ver cómo se intenta arreglar una tan larga y tan torpe como la de World of Warcraft tiene algo de fascinante. No sé si el resultado será bueno, pero sí que promete ser interesante.

Habrá que ver si Blizzard consigue rematar la jugada, ya sea al final de The Last Titan o retomando la historia de Sylvanas cuando termine The Worldsoul Saga.