El veto a redes sociales para menores que prepara el primer ministro británico, Keir Starmer, colocaría al Reino Unido junto a un grupo creciente de países dispuestos a limitar de forma directa la vida digital de los niños. La medida, anunciada este lunes 15 de junio de 2026, prohibiría el acceso de los menores de 16 años a plataformas como TikTok, Snapchat e Instagram.
Starmer defendió la decisión en una rueda de prensa con un argumento sencillo: las plataformas exponen a los niños a contenidos “peligrosos” y “diseñados para ser adictivos”. No es una descripción que vaya a alegrar a los departamentos de relaciones públicas de Silicon Valley, pero resume el centro político del anuncio.
Qué quiere prohibir el Gobierno británico
El plan del Ejecutivo no se limita a las redes sociales más conocidas. Starmer dijo que el Gobierno también actuará contra servicios de videojuegos y retransmisiones en directo que permiten a los menores hablar con desconocidos.
El primer ministro planteó la comparación con el mundo físico: nadie aceptaría que un niño quedara emparejado con un adulto desconocido sin saber nada de él. Según Starmer, esa lógica debe aplicarse también a los espacios digitales, donde las fronteras entre juego, entretenimiento, conversación y exposición pública suelen ser bastante porosas.
En su intervención, sostuvo que una prohibición completa es “la opción correcta” y afirmó que cambiará las conversaciones de los padres y las expectativas de los propios niños con el tiempo. A su juicio, la medida hará que los menores estén más seguros, sean más felices y tengan más espacio para crecer.
Cuándo podría entrar en vigor la norma
Starmer dijo que espera aprobar la regulación antes de finales de diciembre, con la intención de que el veto entre en vigor en la primavera del año siguiente.
El Gobierno británico añadió que estudia otras restricciones para los menores de 18 años. Entre ellas figuran:
- Toques de queda nocturnos para determinadas aplicaciones o servicios.
- Pausas obligatorias en el desplazamiento infinito.
- Nuevas limitaciones en espacios de juego y retransmisión donde haya interacción con desconocidos.
El Ejecutivo prevé anunciar más detalles en julio. La idea, según el mensaje oficial, es que las normas reflejen los valores del Reino Unido, protejan a los niños en internet y reduzcan la influencia de las grandes tecnológicas en la infancia. Tres objetivos ambiciosos en un único paquete legislativo.
Australia y Canadá marcan el contexto internacional
El anuncio británico no llega en solitario. Starmer señaló que la experiencia de Australia influyó en la decisión. En diciembre, Australia se convirtió en el primer país en prohibir el uso de redes sociales a menores de 16 años.
Canadá avanza en la misma dirección. La semana pasada, su ministro de Cultura presentó un proyecto de ley que prohibiría a los menores de 16 años tener cuentas en redes sociales. La propuesta también obligaría a las plataformas de chatbots de inteligencia artificial a limitar la creación de contenidos dañinos.
El Reino Unido, por su parte, había hecho consultas en las que adolescentes británicos probaron vetos temporales a redes sociales y límites de tiempo en aplicaciones. Esos ensayos forman parte del contexto que ha llevado ahora a una propuesta nacional más amplia.
Las plataformas avisan de efectos no deseados
La reacción de la industria ya apunta a uno de los debates centrales: qué ocurre si los menores no desaparecen de internet, sino que se desplazan a lugares menos visibles.
Un portavoz de YouTube advirtió de que una prohibición general podría empujar a los niños hacia servicios “menos seguros”. Es el tipo de objeción que probablemente acompañará al trámite legislativo: proteger a los menores sin enviarlos a rincones digitales con menos normas, menos moderación y menos adultos mirando.
La propuesta de Starmer abre así una discusión que va más allá de una lista de aplicaciones vetadas. Para las familias, la pregunta es cómo recuperar algo de control en un entorno diseñado para retener atención. Para los gobiernos, es hasta dónde pueden regular sin crear nuevos riesgos. Y para las plataformas, el mensaje es bastante claro: la paciencia política con el modelo actual se está agotando.



