La tarjeta roja de Balogun ha dejado de ser una jugada discutida para convertirse en un examen público a la autoridad de la FIFA. Lo que empezó el miércoles como una expulsión en el triunfo de Estados Unidos por 2-0 ante Bosnia y Herzegovina terminó el domingo con una suspensión levantada después de una llamada del presidente Donald Trump al máximo responsable del organismo, Gianni Infantino. Un trámite disciplinario discreto, salvo por el detalle de que ahora medio fútbol se pregunta quién manda de verdad en el reglamento.
Folarin Balogun, delantero del Monaco, podrá jugar este lunes contra Bélgica en los octavos de final del Mundial. La decisión importa mucho para Estados Unidos: el atacante de 25 años suma tres goles y es el máximo anotador del equipo coanfitrión en el torneo.
Por qué fue expulsado Balogun
Balogun vio la roja directa en el partido de dieciseisavos contra Bosnia y Herzegovina tras pisar de forma aparatosa el tobillo derecho de Tarik Muharemovic. La acción fue revisada por el árbitro asistente de vídeo y terminó con expulsión, lo que activaba una sanción automática de un partido.
El seleccionador de Estados Unidos, Mauricio Pochettino, sostuvo desde el primer momento que la jugada no merecía roja. Entre aficionados y comentaristas hubo división: unos vieron una entrada sancionable con expulsión, otros defendieron que Balogun estaba desequilibrado y que el contacto fue accidental. El viernes, el propio jugador dijo que una amarilla “habría sido justa”.
La Federación de Fútbol de Estados Unidos no puso a Balogun a disposición de la prensa el domingo. Él, por su parte, publicó en redes una imagen suya frente a la afición con música de Bad, de Michael Jackson. No fue precisamente sutil, pero tampoco era semana para andar con sutilezas.
Qué decidió la FIFA y por qué enfadó tanto
La FIFA anunció que suspendía la aplicación de la sanción de un partido, lo que permite a Balogun estar disponible ante Bélgica. Para justificar la medida, el organismo citó el artículo 27 de su Código Disciplinario.
Ese artículo permite al órgano judicial “suspender total o parcialmente la ejecución de una medida disciplinaria”. También establece que, al hacerlo, la persona sancionada queda sometida a un periodo de prueba de entre uno y cuatro años.
El problema, según los críticos, no es solo la letra del reglamento, sino el contexto. La decisión llegó después de que Trump pidiera directamente a Infantino que revisara el caso. Para varias federaciones, exjugadores y entrenadores, levantar una sanción automática tras una intervención política daña la credibilidad del torneo y abre una puerta incómoda para futuras reclamaciones.
La Real Asociación Belga de Fútbol se declaró “asombrada” y afirmó que estudia todas las vías posibles para proteger los derechos de las selecciones participantes y los principios básicos del juego limpio.
Qué normas citan los críticos
La federación belga sostiene que la FIFA se apartó de sus propias reglas. Frente al artículo 27 usado por el organismo, Bélgica señala otras disposiciones que hacen que la suspensión parezca mucho menos flexible.
Entre ellas figuran:
- El artículo 66.4 del Código Disciplinario de la FIFA, que establece una sanción automática de un partido tras una tarjeta roja.
- El artículo 10.5 del reglamento de competición del Mundial 2026, según el cual un jugador o miembro del cuerpo técnico expulsado por roja directa o segunda amarilla queda automáticamente suspendido para el siguiente partido de su equipo.
- La circular número 16 del Mundial 2026, que también confirma esa suspensión automática tras una expulsión.
Así que la discusión no es solo si la entrada de Balogun era roja. Muchos de sus críticos admiten que la decisión arbitral pudo ser excesiva. La pregunta es otra: si el VAR confirmó la expulsión y el reglamento prevé un castigo automático, quién puede levantarlo, cuándo y con qué criterio.
Cómo reaccionaron Bélgica, la UEFA y exdirigentes
El seleccionador belga, Rudi Garcia, ironizó con la decisión de la FIFA. Dijo que no sabía que en las oficinas del organismo “el 5 de julio era el 1 de abril en Europa”, en alusión al Día de los Inocentes anglosajón. También defendió que la federación belga no actuaba solo por su selección, sino por “la integridad” y “la ética” del fútbol.
La UEFA fue más directa. En un comunicado publicado el lunes, afirmó que la decisión de suspender durante un año, en periodo de prueba, la sanción automática a Balogun “cruzó una línea roja”. Añadió que veía la medida como “sin precedentes, incomprensible e injustificable”.
Sepp Blatter, presidente de la FIFA entre 1998 y 2015, también cargó contra la decisión. Escribió en X que las tarjetas rojas no se anulan mediante llamadas políticas, sino mediante normas, pruebas y órganos independientes. Para Blatter, si un presidente estadounidense interviene ante el presidente de la FIFA y un jugador queda habilitado justo antes de una eliminatoria mundialista, la pregunta sobre hacia dónde va el organismo es inevitable.
Qué dijeron entrenadores y exjugadores
La preocupación se extendió rápido entre varias figuras del fútbol. Stale Solbakken, seleccionador de Noruega, preguntó qué ocurrirá con la próxima tarjeta roja y calificó la decisión de muy perjudicial para el Mundial.
Thomas Tuchel, seleccionador de Inglaterra, planteó una duda similar después de ver a su defensa Jarell Quansah expulsado en la victoria inglesa por 3-2 ante México en octavos. Tuchel dijo que, a su juicio, la acción de Balogun no era roja, pero subrayó que el VAR intervino, revisó y confirmó la decisión.
Su inquietud fue sencilla: si una roja confirmada puede revisarse después, ¿hasta dónde llega ese mecanismo? También se preguntó si podrían impugnarse otras sanciones, como amarillas a Declan Rice, de Inglaterra, o Michael Olise, de Francia.
En la televisión británica ITV, Ian Wright habló de una cuestión de integridad y transparencia, y calificó de “vergonzosas” algunas situaciones vistas durante el torneo. Roy Keane fue más breve: dijo que parecía injusto porque era injusto. No hacía falta ponerse académico.
Cuál fue el papel de Donald Trump
Según informó la agencia Associated Press, Trump llamó a Infantino después del partido para pedir que la FIFA revisara la tarjeta roja. La información citaba a una persona que conocía la llamada y habló bajo condición de anonimato porque no estaba autorizada a comentar el asunto en público.
Después de la decisión, Trump publicó un mensaje agradeciendo a la FIFA que hubiera hecho “lo correcto” y corregido “una gran injusticia”.
Pochettino también celebró la medida. El técnico recordó que Estados Unidos ya había sido castigado al jugar con diez hombres durante 30 minutos ante Bosnia y Herzegovina por una decisión que consideró “completamente injusta”.
El entrenador argentino, mundialista como jugador en 2002, dijo no estar sorprendido por la llamada de Trump. Explicó que viene de una cultura —Argentina y Europa— en la que el fútbol puede vivirse casi como una religión, y destacó su capacidad para unir a un país.
Hay precedentes, pero no muchos
La dimensión histórica tampoco ayuda a rebajar el ruido. Esta es la primera vez desde 1962 que una tarjeta roja en un Mundial no deriva en suspensión.
En el Mundial de Chile 1962, Garrincha fue expulsado en la semifinal que Brasil ganó 4-2 al equipo anfitrión. En aquella época, una roja no implicaba automáticamente perderse el siguiente partido: una comisión disciplinaria revisaba las pruebas y decidía. Garrincha recibió solo una advertencia y jugó la final, en la que Brasil derrotó 3-1 a Checoslovaquia para conquistar su segundo Mundial consecutivo.
Hay ejemplos más recientes, aunque no iguales. Cristiano Ronaldo, capitán de Portugal, pudo disputar los primeros partidos de su selección en este Mundial después de que la FIFA suspendiera los dos últimos encuentros de una sanción de tres partidos recibida el año anterior por una roja ante la República de Irlanda.
En sentido contrario, el centrocampista catarí Assim Madibo recibió cinco partidos de sanción tras una roja por una entrada que lesionó de gravedad al canadiense Ismael Kone durante la fase de grupos.
El Bélgica-Estados Unidos se jugará ahora con Balogun en la convocatoria y con una discusión que seguirá viva más allá del pitido final. La pelota rodará, sí, pero la pregunta incómoda sigue ahí: si una norma automática puede dejar de serlo en una eliminatoria mundialista, el fútbol tendrá que explicar mejor qué significa de verdad “automática”.



