Casi cuatro semanas después del inicio de la llamada Operación Epic Fury, Washington presume de negociar con Teherán, algo que Irán niega, mientras concentra miles de tropas en la región del Golfo Pérsico. Lo que empezó el 28 de febrero como una campaña aérea conjunta de Estados Unidos e Israel contra infraestructura militar iraní se ha convertido en el mayor despliegue de fuerzas en la zona desde la guerra de Irak.

El contexto rápido, sin rodeos

Según el Mando Central de Estados Unidos, la campaña aérea ha atacado más de 9.000 objetivos dentro de Irán: instalaciones vinculadas al antiguo líder religioso, cuarteles generales de la Guardia Revolucionaria, centros de misiles, fábricas de drones y activos navales. Funcionarios estadounidenses afirman que más de 140 buques iraníes han resultado dañados o destruidos. Irán respondió con ataques casi diarios con misiles y drones contra Israel, países del Golfo y bases estadounidenses, y ha dejado prácticamente cerrada la navegación comercial por el estrecho de Ormuz, por donde pasa cerca del 20% del petróleo comercializado a diario.

¿Qué refuerzos envía EE. UU.?

El refuerzo estadounidense combina fuerzas anfibias y tropas aerotransportadas. El Pentágono ordenó el traslado de aproximadamente 2.000 soldados de la 82.ª División Aerotransportada a la región, que se suman a dos Unidades Expedicionarias de Marines que vienen desde lados opuestos del Pacífico. El secretario de Defensa confirmó que CENTCOM solicitó estas fuerzas para ampliar las opciones operativas.

Tres formaciones, rutas distintas

  • Tripoli Amphibious Ready Group, con el buque de asalto USS Tripoli y la 31st Marine Expeditionary Unit. Salió de Sasebo, Japón, el 13 de marzo, atravesó el estrecho de Malaca y llegó a Diego García el 23 de marzo. Se espera que entre en la zona de CENTCOM a finales de marzo o principios de abril.
  • Boxer Amphibious Ready Group, centrado en el USS Boxer y la 11th MEU desde San Diego. Partió entre el 19 y 20 de marzo y, por la distancia de su trayectoria, no debería llegar antes de mediados de abril.
  • Un contingente de alrededor de 2.000 soldados de la 82.ª División Aerotransportada (Immediate Response Force) desde Fort Bragg, Carolina del Norte.

Las dos formaciones anfibias aportarían unas 4.500 marines y marineros en la región; sumando la 82.ª, desde que comenzó el conflicto se han desplegado casi 7.000 efectivos adicionales.

USS Tripoli y la 31st MEU

El USS Tripoli es un buque de asalto clase America, con 261 metros de eslora y 45.000 toneladas. Puede operar como un portaviones ligero para cazas F-35B y, al mismo tiempo, desembarcar marines por aire y mar. La 31st MEU tiene alrededor de 2.200 marines y marineros, organizada en torno a un batallón reforzado con artillería, vehículos anfibios y unidades especializadas. Es la única unidad expedicionaria permanente desplegada en la región por la US Marine Corps.

USS Boxer y la 11th MEU

El USS Boxer es un buque clase Wasp con la 11th MEU embarcada. El grupo incluye además a los buques USS Comstock y USS Portland y transporta unos 2.200 marines, además de casi 2.000 marineros entre las tres naves. La salida desde San Diego se adelantó en aproximadamente tres semanas respecto a lo previsto.

La 82.ª División Aerotransportada

La 82.ª, con base en Fort Bragg, es la fuerza de entrada principal del Ejército de Estados Unidos. Su Immediate Response Force tiene la capacidad de desplegarse en cualquier lugar del mundo en unas 18 horas. Tradicionalmente realiza asaltos aerotransportados, captura aeródromos y asegura terreno para fuerzas posteriores. En esta fase despliega sin blindados pesados, lo que limita su capacidad para sostener territorio frente a contraataques prolongados.

¿Cuál es el objetivo real de estas tropas?

Expertos en defensa consideran que el despliegue actual no apunta a una invasión a gran escala. Ruben Stewart del IISS explica que una campaña terrestre sostenida requeriría decenas de miles de tropas; el núcleo de fuerzas que se está moviendo ahora es de naturaleza rápida y modular, adecuada para operaciones puntuales y de corta duración como asaltos, capturas de terreno clave o misiones limitadas.

Escenarios plausibles

  • Tomar o bloquear la isla de Kharg, un enclave coralino a unos 26 km de la costa iraní que concentra cerca del 90% de las exportaciones petroleras de Irán y cuyo aeropuerto recibió daños en ataques aéreos.
  • Asegurar el estrecho de Ormuz para reabrir rutas de navegación y proteger el paso de buques comerciales.
  • Apoderarse de material nuclear dentro de Irán, un escenario que altos mandos han mencionado públicamente, pero que sería el menos realista con las fuerzas desplegadas hasta ahora, ya que exigiría una presencia terrestre mucho mayor y sostenida.

Según Stewart, la opción más realista es una acción limitada en el estrecho de Ormuz para proteger rutas marítimas o suprimir amenazas a la navegación. Tomar Kharg sería técnicamente posible, pero plantearía un riesgo alto de escalada. Recuperar material nuclear en Irán requeriría una fuerza mucho mayor.

El almirante retirado James Stavridis ha advertido que cualquier asalto a Kharg podría afrontar ataques masivos con drones, lanchas con explosivos y misiles. Aun así, opinó que las fuerzas iraníes en la isla podrían ser superadas por los primeros asaltos, aunque el terreno podría estar muy preparado con trampas y obstáculos.

Diplomacia en paralelo

El movimiento de tropas se interpreta también como una forma de presión diplomática. Según expertos, impulsar fuerzas al teatro de operaciones incrementa el poder de negociación de Estados Unidos si las conversaciones van mal. Pero hay riesgos: cuanto más crezca y se sostenga el despliegue, más difícil será dar marcha atrás y mayor será la probabilidad de una escalada no deseada.

En lo diplomático, el 24 de marzo el presidente estadounidense dijo que se habían acordado 15 puntos en conversaciones destinadas a terminar el conflicto, algo que Irán desmintió en cuanto a negociaciones directas. Pakistán ha intentado actuar como mediador, con contactos entre su primer ministro, el jefe del ejército pakistaní, la Casa Blanca y líderes iraníes, y ofreciendo acoger posibles conversaciones entre las partes.

En resumen, EE. UU. ha ampliado significativamente sus opciones militares en el Golfo con fuerzas anfibias y aerotransportadas, pero el tamaño y la composición de estas unidades apuntan más a operaciones limitadas y de alto impacto que a una invasión masiva. La situación combina presión militar con esfuerzos diplomáticos fluidos, y cualquier decisión sobre operaciones terrestres mayores tendría implicaciones estratégicas y políticas muy amplias.