El giro que cambió el mercado
Si hoy la tecnología sanitaria de consumo parece obsesionada con prometer que lo sabe casi todo sobre nosotros, buena parte de ese recorrido se puede rastrear hasta un único aparato: el Apple Watch Series 4.
En 2018, los relojes inteligentes y las pulseras de actividad hacían sobre todo cuatro cosas: contar pasos, medir el pulso, vigilar el sueño de forma bastante ligera y registrar entrenamientos. Eran, en esencia, herramientas para moverse más y quizá perder algún kilo. Muy útiles, sí. Pero no exactamente el tipo de dispositivo al que uno acudiría pensando que le va a salvar la vida, lo cual, admitámoslo, tampoco era el gran reclamo comercial del momento.
Eso cambió con el Series 4. Fue el primer wearable de consumo con detección de fibrilación auricular aprobada por la FDA, una novedad que no se había visto antes en ningún dispositivo de este tipo. No todo el mundo celebró el movimiento. Hubo críticas por su precisión, menor que la de un electrocardiograma tradicional de 12 derivaciones, y muchos médicos no tenían claro cómo interpretar datos tan nuevos procedentes de un reloj.
Aun así, esa clase de cribado digital con validación regulatoria se ha convertido en la marca de fábrica de la tecnología sanitaria avanzada para el consumidor. Desde entonces, cada año aparecen historias de Apple Watch que detectan problemas o incluso ayudan a salvar vidas, lo que ha empujado a sus rivales a perseguir capacidades parecidas. Ocho años después del debut del Series 4, los wearables ya avisan sobre enfermedades, apnea del sueño, hipertensión o incluso ventanas de fertilidad. Y, como era de esperar, el sector también ha decidido que nada dice “bienestar” como añadir métricas de recuperación, metabolismo y, por alguna razón, fluidos corporales.
Apple y la idea de salud para todo el mundo
Como The Verge dedica esta semana a repasar medio siglo de productos de Apple, tocar esta historia era casi obligatorio. Así que hablé con Deidre Caldbeck, directora sénior de marketing de producto de Apple Watch y salud, para entender cómo la compañía diseña estas funciones y qué futuro imagina para el reloj.
Mi primer Apple Watch fue el Series 2, en 2016. Desde entonces, como revisor de dispositivos de muñeca, he probado todas las generaciones. Y hay algo que siempre ha sido evidente sobre la estrategia de Apple en este terreno: el Watch no está pensado como un objeto de nicho para una minoría de fanáticos de la salud. La idea es otra. Un dispositivo sanitario útil para todo el mundo.
Claro, con una condición menor: que uses iPhone.
“Queríamos que las funciones del Apple Watch fueran lo más inclusivas e intuitivas posible. Evidentemente, la tecnología ha avanzado y el interés de la gente por la salud y el ejercicio también ha cambiado con los años, pero hemos intentado mantener ese objetivo principal: crear funciones que puedan impactar de verdad al mayor número posible de personas”, explica Caldbeck.
Según cuenta, el Apple Watch siempre ha tenido un sensor óptico de ritmo cardiaco, aunque durante mucho tiempo se usó sobre todo para entrenamientos. A medida que más gente empezó a llevarlo, la compañía recibió comentarios de usuarios que querían más contexto sobre su salud cardiaca, algo que ayudara a explicar anomalías en las mediciones. Con el Series 3 llegaron las notificaciones de ritmo cardiaco alto y bajo. Pero el gran cambio, dice Caldbeck, llegó con el Series 4.
Aquel modelo estrenó un rediseño importante, con pantalla más grande e interfaz renovada. La incorporación del ECG ayudó a empujar al dispositivo hacia una función más integral de salud y no solo de seguimiento deportivo.
“Empezamos a escuchar más a personas que obtenían información sobre la recuperación del ritmo cardiaco y pensamos: ‘Vale, quizá deberíamos invertir más en cosas como la forma física de baja carga cardiovascular’”, dice, en referencia a cómo la compañía presenta la métrica de VO2 max. “Y, por supuesto, ya estaban las notificaciones de fibrilación auricular, pero ¿deberíamos hacer algo más con el historial de fibrilación auricular una vez que te han diagnosticado? Ese tipo de preguntas aceleró nuestra evolución hacia más funciones de salud cardiaca”.
El ritmo de Apple frente a la moda de la IA
La forma en que Apple construye funciones de salud grandes y de amplio alcance choca bastante con la tendencia dominante ahora mismo en tecnología sanitaria y wearables: la personalización impulsada por IA.
Mientras Apple va con paso más medido, sus competidores han entrado en modo entusiasmo total. Garmin, Google/Fitbit, Samsung, Oura, Whoop, Strava, Withings, Peloton: todos están llenando sus plataformas de IA para ofrecer experiencias ultracustomizadas. El resultado suele ser, por decirlo con delicadeza, bastante flojo.
Además, en los últimos años estas empresas han corrido a incorporar modas de bienestar a sus productos. Con la popularidad de los medicamentos GLP-1, el seguimiento de la salud metabólica y las funciones de nutrición con IA se han convertido en un filón. Garmin lanzó su propia versión en enero. Incluso Meta anunció esta semana que se suma al registro nutricional con IA a través de sus gafas inteligentes más adelante este verano.
Apple, en cambio, ha llegado tarde a la fiebre de la IA y se ha llevado críticas por ello. Un ejemplo es Workout Buddy, una función lanzada el año pasado que no es realmente un entrenador con IA. Más bien actúa como un empujón motivacional: muestra hitos históricos o subraya tu progreso hacia tus objetivos diarios. No te dice qué hacer, no genera entrenamientos y no ofrece orientación práctica, que es justo lo que mucha gente ya espera de las funciones de fitness basadas en IA.
Y no, no es casualidad.
“Queremos ofrecer información útil sin recomendaciones muy específicas”, explica Caldbeck. “Hasta ahora, hemos diseñado nuestras funciones para que sean algo discretas, para que queden en segundo plano y te acompañen donde estés. Por supuesto, queremos avisarte si hay algo a lo que debas prestar atención y darte la información adecuada para que tomes la decisión correcta o, quizá, hables con tu médico”.
Caldbeck señala que Apple sí utiliza IA en varias funciones, como la monitorización del ritmo cardiaco, la detección de caídas y las notificaciones de hipertensión. Pero la idea central sigue siendo usarla para “desbloquear información de salud y dar a las personas datos sobre los que luego puedan actuar”. Y hay otra condición básica: cada función de salud debe alinearse con literatura científica consolidada y basada en consenso.
“Lo que se mantiene constante es nuestro compromiso de ofrecer funciones con información accionable, fundamentadas en la ciencia y creadas con la privacidad como núcleo”, me dice por correo electrónico la doctora Sumbul Desai, vicepresidenta de salud y fitness de Apple.
La paciencia como estrategia de producto
Caldbeck admite que, desde el punto de vista de producto, siempre es tentador subirse a cualquier tendencia de bienestar que esté de moda. Pero Apple exige que sus datos estén validados en poblaciones amplias, precisamente porque sus productos tienen alcance global.
El primer Apple Heart Study reunió a más de 400.000 participantes, una cifra inaudita en su momento. En este tipo de desarrollo se valoran conceptos como la especificidad y la sensibilidad, que sirven para medir si una prueba acierta más en los verdaderos positivos o en los verdaderos negativos. Vamos, detalles algo menos vistosos que una campaña de marketing, pero bastante más importantes.
“Francamente, somos prudentes cuando lanzamos estas funciones nuevas porque queremos asegurarnos de no adelantarnos a la ciencia”, dice Caldbeck. “A veces esperamos un año o dos. Eso significa que otros pueden ir por delante en algunas áreas que sabemos que interesan a los usuarios, pero hace falta disciplina, y vamos a seguir haciéndolo así”.
Y no es pose corporativa. El Apple Health Study, con el que hablé el año pasado con Desai, tiene una ambición inusual: no parte de un objetivo único, sino que abarca actividad, envejecimiento, salud cardiovascular, circulación, cognición, audición, salud menstrual, metabolismo, movilidad, neurología, respiración y sueño. Está previsto que dure cinco años y podría prolongarse más. No hay garantía de que de ahí salga una función revolucionaria. O, en otras palabras, puede pasar bastante tiempo antes de ver algo tangible derivado de una investigación de este tamaño.
Las notificaciones de hipertensión, lanzadas el año pasado, son otro ejemplo de esta manera de trabajar. Apple llevaba tiempo interesada en esa función, pero decidió esperar hasta poder ofrecer resultados fiables y validados para una población global y completar el proceso de aprobación regulatoria. Además, publicó un documento de validación basado en datos de 100.000 participantes del estudio, donde detallaba la tecnología y su desarrollo.
Lo mismo ocurrió con la puntuación de sueño, una función que otros dispositivos llevaban años ofreciendo. Apple no la lanzó hasta 2025, según Caldbeck, porque priorizó la coherencia científica. Y aunque la compañía podría haber llenado la función de biometría, optó por dar más peso a factores que los usuarios sí pueden controlar.
Más allá del reloj
Aunque todavía tarde un tiempo en llegar la próxima gran función de salud, Caldbeck y Desai aseguran que Apple planea integrar cada vez más tecnología sanitaria en el resto de sus dispositivos.
“Nos centramos en crear funciones innovadoras e inteligentes que aporten información personal a través de productos como Apple Watch, AirPods y iPhone, evolucionando de forma fundamental el concepto de prevención al democratizar el acceso a la información de salud”, afirma Desai.
“Si piensas en lo que hemos hecho con la salud auditiva en AirPods, e incluso en lo que hicimos hace años usando el iPhone para seguir métricas de movilidad, todavía hay mucho que podemos hacer con dispositivos que llevas encima todos los días”, añade Caldbeck. “Ahí seguiremos invirtiendo para tener más impacto en más personas a través de más productos”.
Un sector con prisas y un actor que puede permitirse esperar
En esta columna suelo quejarme de que, en los últimos años, las tendencias de bienestar han terminado influyendo en la tecnología sanitaria de una forma poco deseable. La frontera cada vez más borrosa entre bienestar y tecnología médica no ayuda precisamente a dormir mejor, sobre todo cuando las empresas del sector empiezan a presionar en Washington para relajar la regulación de los wearables.
También he escrito más de una vez que algunas actualizaciones del Apple Watch y de sus funciones de salud pueden parecer demasiado graduales, sobre todo cuando otras compañías “llegan antes”. Viendo este mercado, no tengo claro qué enfoque acabará imponiéndose: el de Apple, más lento, más amplio y más riguroso desde el punto de vista científico, o el de las startups que persiguen la siguiente moda del bienestar apostando por la personalización con IA como si fuera una revelación.
Pero hay una cosa que sí parece bastante segura: Apple es de las pocas empresas que puede permitirse ir con calma. Y, en un sector tan ansioso por prometer milagros antes de tiempo, eso ya es casi un superpoder.