Una protesta que llegó de costa a costa

Las marchas No Kings volvieron a desplegarse este sábado por todo Estados Unidos y también en varios países europeos, con un alcance que iba desde Nueva York, en un estado claramente demócrata, hasta Driggs, en Idaho oriental, un pueblo de menos de 2.000 habitantes en un estado que Trump ganó con el 66% de los votos en 2024. La idea era simple: mostrar que la oposición al presidente sigue viva, numerosa y, por si quedaba alguna duda, bastante molesta.

Los organizadores estadounidenses calculaban que las dos primeras rondas de protestas, celebradas en junio y en octubre, reunieron a más de 5 millones y 7 millones de personas, respectivamente. Para esta tercera convocatoria hablaron de 9 millones de participantes el sábado, aunque todavía era pronto para saber si la cifra se había alcanzado. En total, dijeron, se habían registrado más de 3.100 actos en los 50 estados, unos 500 más que en octubre.

Disfraces, pancartas y una recepción poco entusiasta

En Topeka, Kansas, la concentración frente al Capitolio incluyó a gente disfrazada de rey rana y de Trump en versión bebé. Wendy Wyatt viajó desde Lawrence, a unos 32 kilómetros al este, con un cartel de “Cats Against Trump” y pensaba volver luego a su ciudad para otra protesta. Dijo que hay “muchísimas cosas” de la administración Trump que le preocupan, pero que la jornada le parecía “muy esperanzadora”.

En Los Ángeles, los manifestantes avanzaron bajo una figura hinchable de Trump bebé con pañal. Entre los letreros se podían leer frases como “Los crímenes de guerra no ocultan los crímenes sexuales” e “Inmigrantes hacen grande a Estados Unidos”. En el exterior del edificio federal del centro de la ciudad, una multitud se encontró con una línea de soldados de la Guardia Nacional de California. Nada como una escenografía institucional para subrayar el ambiente.

Los republicanos despachan las protestas

Desde la Casa Blanca, la portavoz Abigail Jackson redujo las movilizaciones a un producto de “redes de financiación izquierdistas” sin respaldo real. En un comunicado, añadió que las únicas personas interesadas en estas “sesiones de terapia contra Trump” eran los periodistas a los que pagan por cubrirlas.

El Comité Nacional Republicano para el Congreso también cargó con dureza. Su portavoz, Maureen O’Toole, calificó las concentraciones de “rallies de odio a América” y aseguró que eran el escenario donde la izquierda más violenta y desquiciada da rienda suelta a sus fantasías. Un lenguaje sutil, como suele ser costumbre cuando se intenta rebajar una protesta masiva llamándola exactamente al revés.

Una lista larga de motivos

La ofensiva migratoria de Trump, en especial en Minnesota, fue solo una de las quejas que reunieron a los asistentes. También aparecieron en la agenda la guerra en Irán, la retirada de derechos para las personas trans y el poder económico de los multimillonarios. En Minnesota, varios oradores atacaron directamente la influencia de las grandes fortunas en la política y en la vida pública.

En Washington, cientos de personas caminaron desde el monumento a Lincoln hasta el National Mall con carteles que decían “Bajad la corona, payaso” y “El cambio de régimen empieza en casa”. Hubo campanas, tambores y el ya previsible coro de “No kings”. Bill Jarcho, llegado desde Seattle, iba acompañado por seis personas disfrazadas de insectos con chalecos tácticos rotulados “LICE”, un guiño a ICE, dentro de lo que llamó una gira de “burla y asombro”.

“Lo que hacemos es burlarnos del rey”, dijo Jarcho. “Se trata de coger el autoritarismo y hacerlo ridículo, que es justo lo que más les molesta”.

En San Diego, la policía calculó que marcharon unas 40.000 personas.

En Nueva York, Donna Lieberman, directora ejecutiva de la New York Civil Liberties Union, acusó a Trump y a sus aliados de querer que la gente tenga miedo de manifestarse. “Quieren que tengamos miedo de que no haya nada que podamos hacer para frenarlos”, dijo. “Pero se equivocan. Se equivocan de pleno”.

Los organizadores añadieron que dos tercios de las respuestas recibidas para acudir a las marchas procedían de fuera de los grandes núcleos urbanos, incluidas comunidades de estados conservadores como Idaho, Wyoming, Montana, Utah, Dakota del Sur y Luisiana, además de suburbios competitivos en Pensilvania, Georgia y Arizona.

Minnesota, el acto principal

La protesta de Minnesota fue designada como el evento central de la jornada a escala nacional. Antes de que Bruce Springsteen subiera al escenario, se proyectó un vídeo con Robert De Niro, que dijo despertarse cada mañana deprimido por culpa de Trump, aunque ese sábado estaba más contento porque millones de personas estaban protestando. También felicitó a los habitantes de Minnesota por haber echado a ICE de la ciudad.

El cartel del acto incluía además a Joan Baez, Jane Fonda, el senador Bernie Sanders, y una larga lista de activistas, líderes sindicales y cargos electos. En las escaleras del Capitolio, los manifestantes levantaron una pancarta enorme con el lema: “Teníamos silbatos, ellos tenían armas. La revolución empieza en Minneapolis”.

Randi Weingarten, presidenta de la Federación Estadounidense de Profesores, sostuvo que “Donald Trump puede fingir que no escucha, pero no puede ignorar a los millones que hoy están en la calle”.

Protestas también fuera de Estados Unidos

Las movilizaciones no se limitaron al país. Según Ezra Levin, codirector ejecutivo de Indivisible, una de las organizaciones impulsoras, hubo convocatorias en más de una docena de países, desde Europa hasta América Latina y Australia. En los países con monarquía constitucional, el nombre elegido fue No Tyrants. Cambia la corona, pero el mensaje sigue siendo bastante claro.

En Roma, miles de personas marcharon con consignas dirigidas contra la primera ministra Giorgia Meloni, después de que su gobierno conservador sufriera esta semana una dura derrota en un referéndum para simplificar el sistema judicial italiano. También se vieron pancartas contra los ataques israelíes y estadounidenses sobre Irán.

En Londres, los manifestantes mostraron lemas como “Frenad a la ultraderecha” y “Plantad cara al racismo”.

Y en París, varias centenas de personas, sobre todo estadounidenses residentes en Francia, se reunieron junto a sindicatos y organizaciones de derechos humanos en la Bastilla. La organizadora Ada Shen resumió su oposición así: protesta contra “todas las guerras ilegales, inmorales, imprudentes e inútiles” de Trump, que es una forma bastante directa de empezar el fin de semana.