Una Pascua con alarma máxima en Budapest
Lo que en Budapest muchos temían como el último golpe de efecto de la campaña electoral llegó precisamente en Pascua. Dos mochilas con cuatro kilos de explosivos aparecieron en Serbia, a pocos cientos de metros del TurkStream, la infraestructura que transporta gas ruso hacia Hungría y que Viktor Orban considera vital para la seguridad del país. Porque nada transmite serenidad como un posible sabotaje energético en plena recta final electoral.
El hallazgo bastó para elevar la alerta al nivel máximo y para reabrir la ofensiva política contra el rival de Orban, Peter Magyar, y contra el objetivo favorito del oficialismo: Volodymyr Zelensky. Todo ello a menos de una semana de la cita decisiva del 12 de abril.
En las calles también se notó el tono de la escalada. La autovía que conecta el aeropuerto con el centro de la capital está cubierta de carteles del partido de gobierno en los que aparecen juntos los rostros de Magyar y Zelensky, bajo el lema: “Son peligrosos. Frenémoslos. Voten Fidesz”.
Intercambio de acusaciones
El ministro húngaro de Asuntos Exteriores, Peter Szijjarto, volvió a señalar a Kiev como responsable del supuesto sabotaje del gasoducto, después del caso Druzhba y de las acusaciones de espionaje. El Kremlin se sumó de inmediato a esa línea y aseguró que la probabilidad de una implicación ucraniana era “amplia”.
Ucrania rechazó esa versión de forma “categórica”. Magyar, por su parte, fue más allá y aseguró que se trata de una operación de falsa bandera diseñada en coordinación con Moscú y Belgrado para interferir en la votación.
Los artefactos, descritos como “dos grandes paquetes de explosivos con detonadores”, fueron encontrados en Kanjiaa, en el norte de Serbia, cerca del TurkStream, según explicó el presidente serbio Aleksandar Vucic. Vucic advirtió de que el riesgo afectaba también a “vidas humanas”.
Orban mueve al ejército
Informado de lo ocurrido, Orban convocó de urgencia al Consejo Nacional de Defensa el mismo día de Pascua y ordenó el despliegue del ejército. Más tarde, al amanecer, decidió desplazarse hasta la frontera acompañado por Szijjarto para revisar personalmente el estado de la infraestructura.
“La situación es extremadamente grave”, afirmó ante las cámaras, recuperando el precedente del oleoducto Druzhba. Según el primer ministro, si el crudo ruso puede sustituirse cuando una infraestructura queda dañada, una agresión contra una “arteria más importante” como la que transporta el gas ruso podría dejar hundida a toda la economía húngara.
Orban apuntó a actores que, en su versión, querían “hacer volar por los aires” la instalación. Una lectura que no ha convencido en Europa.
Escepticismo fuera de Hungría
El ministro polaco de Defensa, Radoslaw Sikorski, habló de un “momento oportuno y sospechoso” y se apoyó además en informaciones publicadas por Washington Post sobre posibles operaciones montadas de forma artificial, incluso con la hipótesis de escenificar un falso atentado contra el propio Orban.
Mientras tanto, Magyar insistió en que ni el miedo ni las apelaciones al estado de emergencia van a frenar a “millones de húngaros” decididos a poner fin a “dos décadas de la historia más corrupta del país”. Tras el parón de Pascua, anunció que retomará su gira final, sobre todo fuera de las grandes ciudades, para mantener contacto directo con el electorado y tratar de captar a los indecisos.
La visita de JD Vance marca la recta final
En las próximas horas, sin embargo, todas las miradas se dirigirán a Budapest por la llegada de JD Vance. Tras un encuentro institucional en la residencia de Orban, el vicepresidente estadounidense subirá junto a él al escenario del Mtk Sportpark, al este de la capital.
El recinto, más acostumbrado al deporte que a los mítines, se convertirá así en el escenario de la recta final de la campaña. Será la presencia estadounidense de más alto nivel en suelo húngaro desde la visita de George W. Bush en 2006.
La escena sirve para medir el peso de la apuesta de Donald Trump por su aliado europeo más cercano y para reforzar un eje político que, en el otro extremo, conecta con Vladimir Putin. En Hungría, por lo visto, la campaña no daba suficientes emociones por sí sola.